Semejanzas y paralelismos religiosos

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Artículo de junio 2018

 

SEMEJANZAS Y PARALELISMOS RELIGIOSOS

 

Hay quienes creen que las diversas religiones no difieren mucho unas de otras, y que más bien son muy semejantes, lo cual se pondría de manifiesto al comparar sus contenidos. Incluso hay quienes piensan que los primeros cristianos se basaron en mitos antiguos para desarrollar sus relatos, y que eso significaría, nada más ni nada menos, que Jesús jamás existió, que fue solo un mito. Estamos pues ante el mundo de los paralelismos y las semejanzas religiosas, y de las lucubraciones a que ello da lugar. Para un buscador de la verdad todo esto constituye un desafío.

No soy un erudito en el tema de paralelismos y semejanzas religiosas, pero siento la necesidad de intentar atisbar por dónde brilla la luz de la verdad. Voy a hacerlo, pero solo será una aproximación, un vistazo a vuelo de pájaro, no una demostración debidamente sustentada y documentada. Consideraré para el efecto el caso de las semejanzas y los paralelismos entre las creencias de las distintas religiones, y posteriormente la presunción de copia endilgada a los primeros cristianos, para después de todo eso intentar alguna reflexión general.

Con relación a las semejanzas, recientemente circuló en las redes sociales un video con una serie de citas que resumirían aquello de lo que se trata, pues según sus autores, constituyen las “creencias centrales de cada religión”. A continuación las citas-resúmenes que se hace de cada credo religioso. Cristianismo: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Budismo: “No lastimes a los demás con lo que te causa dolor a ti mismo”. Hinduismo: “El resumen de los dolores: no hagas a los demás aquello que te cause sufrimiento a ti”. Taoismo: “Considera los beneficios de tu prójimo como tus beneficios; y sus pérdidas, tus pérdidas”. Islam: “Nadie será un verdadero creyente hasta que desee para los demás lo que desea para sí mismo”. Zoroastrismo: “No practiques en los demás aquello que es perjudicial para ti mismo”. Jainismo: “Deberían tratar a todas las criaturas del mundo, como nos gustaría ser tratados”. Judaísmo: “No le hagas a tu prójimo aquello que te cause malestar a ti”. Sijismo: “Yo no soy un extraño para nadie, y nadie es un extraño para mí. De hecho soy amigo de todos”

Creo que lo más relevante respecto a estas citas no es que unas sean copias de otras, lo cual puede haber ocurrido o no, sino que, si la inspiración de cada una de ellas proviniera de Dios, significaría que Él se comunica con sus creaturas no a través de una sola historia o tradición religiosa, sino de muchas; no a través de un solo iluminado, sino de muchos; no durante un momento histórico, o de una secuencia de hechos históricos concatenados, sino de muchos; no en una determinada región geográfica, sino en muchas. De ser cierta esta inferencia, sería lógica, pues si existe un Creador es concebible que éste quiera establecer algún tipo de comunicación con sus creaturas, dando la oportunidad a todas ellas de llegar a tener conocimiento de lo comunicado.

A veces los argumentos con los que se han rechazado estas semejanzas no se han referido a las semejanzas en sí mismas, sino a asuntos colaterales relacionados, lo cual creo que ha sido una pobre manera de rechazarlas. Por ejemplo, se ha rebatido la semejanza relativa a los tres sabios que visitaron al recién nacido Jesús con las tres deidades sabias que lo hicieron con Horus, dios egipcio, sosteniendo que tal semejanza no existe, pues en realidad fueron más de tres los sabios que visitaron a Jesús. Esa forma de rebatir es un error, pues deja de lado lo principal, la semejanza central: que ambos fueron visitados por personajes sabios.

También se ha dicho que las semejanzas no se originan en la Biblia sino en las enseñanzas de la Iglesia Católica, sin embargo, un rápido examen a la lista de citas, todas ellas relativas a las relaciones entre los seres humanos, nos remite a enseñanzas bíblicas. En otras palabras, el rechazar la semejanza con este argumento no desvirtúa las semejanzas, sino que más bien las confirma, aunque supuestamente aclarando cuál ha sido su real origen.

En lo que al cristianismo concierne, no creo que la cita No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti, sea la más representativa de esta religión, en el campo de las relaciones interpersonales, que es aquel al que se enfocan todas esas citas. Creo que mucho más representativo es el mandato de amor contenido en Levítico 19:18, ratificado después por Jesús: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. Es un mandato mucho más comprehensivo que “no hacer a los demás lo que no se quiere que le hagan a uno mismo”. En todo caso, el mandato de amor cristiano cobija el contenido de todas aquellas otras citas. Por este antecedente, y por no ser un conocedor ni medianamente profundo de las demás religiones, tampoco puedo avalar que las demás citas sean las que mejor las retraten, en lo que concierne a esas relaciones. Sin embargo, sí puedo intentar un par de conclusiones generales sobre el fondo de lo tratado.

Una sería que, más allá de las dudas sobre lo fidedignas que puedan ser esas citas, lo cierto es que todas ellas apuntan hacia la armonía y la justicia entre los humanos, y eso es un telón de fondo que ya dice bastante respecto a la comunicación de Dios con todas sus creaturas. También dice bastante sobre las posibilidades de consensos entre las religiones, cuando a éstas se las concibe en su más recto sentido, sin superficialidades, sin aberraciones, y sobre todo, sin fanatismos.

Otra conclusión general es aquella referente a la reflexión con la que finaliza el video ya mencionado, según la cual esas semejanzas significan que “…todos estamos conectados por el mismo mensaje”, conclusión que, en general, parece correcta. También parece lógica pues es lógico, lo reitero, que el Creador quiera comunicarse de alguna manera con sus creaturas, y que lo haga en diversos tiempos y latitudes, y a través de diversos mensajeros.

En cuanto a paralelismos, éstos se inscriben en la misma línea de las semejanzas. Uno bastante conocido es aquel que se hace entre Horus, personaje religioso egipcio de unos 2000 años A.C., y Jesús de Nazaret. Los paralelismos son tantos y tan puntuales, que prácticamente vuelven iguales las biografías de los dos personajes, escenario ante el cual cabría preguntarse si la intención es sugerir que Jesús no existió, y que los evangelios y demás relatos cristianos son los que crearon el personaje basándose en la mitología egipcia.  Tampoco faltarán quienes crean que en vista de que los relatos sobre Horus son de dos milenios antes de nuestra era, los relatos sobre Jesús de Nazaret son falsos. Sin embargo, también cabe la otra interpretación: la de que por el hecho de que los paralelismos calcen tan exactamente en prácticamente todos los aspectos de la vida terrenal del Maestro, hay la posibilidad de que solo sean producto de alguna estratagema para desacreditar al cristianismo.

En efecto, de Horus se dice[1] que: fue hijo de deidades (Osiris su padre e Isis su madre); su madre era virgen; tuvo un padre terrenal, Seth, cuya traducción es José; nació en una cueva; un ángel anunció a su madre su futuro nacimiento; esto último también fue anunciado por una estrella (Sirus) y por ángeles; nació en diciembre, cuando era invierno[2]; pastores fueron testigos de su nacimiento; tres deidades sabias también fueron testigos de aquello, como lo fueron tres hombres sabios en el caso de Jesús.

En su infancia Horus se vio amenazado de muerte, como lo fue Jesús por parte de Herodes; a los 12 años fue objeto de un ritual con motivo de su paso a la adolescencia, al igual que Jesús en el templo (ritual Mitzvá); hay un vacío biográfico entre los 12 y 30 años, como en el caso de Jesús; a los 30 años fue bautizado en un río, y Anud, su bautizante, fue decapitado, como lo fue Juan el bautista; fue tomado en un desierto por su rival SUD, y tentado en una alta montaña, a lo que Horus se resistió, igual que ocurrió con Jesús; sus seguidores cercanos fueron 12 personas; caminó sobre las aguas, calmó el mar, expulsó demonios, curó enfermos y devolvió la vista; resucitó a su padre, como Jesús lo hico con Lázaro; se transfiguró en una montaña; fue muerto por crucifixión cerca de dos ladrones; descendió al infierno y resucitó 3 días después; fueron mujeres las que anunciaron su resurrección; anunció un reino que duraría 1000 años; su papel principal fue salvar a la humanidad; se lo representó acunado por su madre Isis, como María acuna al pequeño Jesús; sus símbolos fueron peces, la vid, un escarabajo; su título principal fue Krst (Cristo), así como pan de la vida, hijo del hombre, buen pastor, cordero de Dios, la palabra, el pescador. Por otra parte, Horus también se autodefinió como: señor de la luz y heredero del tiempo; Jesús, a su vez, dijo que él era la luz del mundo y que antes de que Abraham fuese, él ya era. En fin, un completo paralelismo.

La conclusión que puedo sacar de todas estas semejanzas y paralelismos es que si fueran ciertos, incluso si fuera cierto que los primeros cristianos copiaron los mitos egipcios antiguos, cosa que a ciencia cierta no lo sé, el mensaje de Jesús seguiría incólume. Por ejemplo, no veo por dónde su mensaje de amor entre los seres humanos podría salir mellado, simplemente significaría que Jesús y la Biblia dieron al amor entre los seres humanos una nueva dimensión, evidenciaron la importancia y alcance que realmente tiene: amar a la especie humana al punto de dar la vida por ella, e incluso amar al enemigo.

Insisto: supongamos que los evangelistas y demás escritores cristianos hubiesen armado sus relatos simplemente copiando los decires mitológicos de los egipcios, y que si se hubiese escrito la verdadera biografía de Jesús de Nazaret, si fuera el caso, ella habría tenido que ser muy diferente a la que conocemos, ¿significaría todo esto que no son verdaderas las obras que ejecutó, ni valederos los mensajes que nos dejó? No encuentro razones que sustenten estas eventuales dudas.

Por otra parte, tampoco veo cómo las semejanzas y paralelismos puedan constituir pruebas de que Jesús no existió, que solo fue un mito. Las semejanzas y paralelismos comentados, aun en el supuesto no consentido de que fueren reales, no probarían la inexistencia del Jesús histórico. Más aún, a la época en que los evangelios fueron escritos (Siglo I de la e.c.) aún vivían muchos de los que habían sido testigos de su presencia y actividad, los cuales habrían podido fácilmente desmentir a los evangelistas si los escritos de éstos hubieran faltado a la verdad, cosa que nunca lo hicieron.

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[1] Video de Francis Olivares, supuestamente basado en un artículo del 2012 que, a su vez, estaría basado en informaciones de antropólogos e historiadores de diversas partes del mundo, el mismo que habría sido publicado en un sitio web denominado absolut.horo (sic), que al autor del presente artículo le ha sido imposible verificar.

[2] Cabe aclarar que la Biblia no dice nada respecto a la fecha del nacimiento de Jesús.

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