ADN: ORIGEN DEL DISEÑO

Ante la maravillosa estructura y funcionalidad de la célula resulta imposible negar que tiene un fabuloso diseño.

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ADN: ORIGEN DEL DISEÑO

Artículo de agosto 2019

Categoría: resúmenes de libros

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La mayor parte del presente artículo es una síntesis de varios textos que tratan sobre el ADN, como el libro “Cosmos” del destacado divulgador científico Carl Sagan; el didáctico artículo de divulgación titulado “El origen de la vida”, de los Testigos de Jehová; y, el libro “¿Cómo Habla Dios?” del famoso genetista Francis S. Collins, muy conocido por haber liderado el proyecto internacional el Genoma Humano en 1990, entre otras fuentes sobre el mismo tema.

El lejano pasado. Conforme al libro de Sagan, hace cuatro mil millones de años los relámpagos y la luz ultravioleta del sol descompusieron las primitivas moléculas simples reduciéndolas a fragmentos. Posteriormente éstos se reagruparon para formar nuevas y más complejas moléculas capaces de hacer copias de sí mismas, es decir, de autorreplicarse. Las implicaciones de ese reagrupamiento molecular fueron inmensas, pues era nada menos que el primer paso que daba la naturaleza inanimada en dirección a la vida. De alguna manera la posterior autorreplicación molecular prefiguraba lo que habría de suceder después con los primeros seres vivos -las células- que también se autorreplicaron.

Las moléculas autorreplicantes fueron las que luego crearon la célula, para lo cual se repartieron el trabajo: unas formaron el citoplasma, otras se especializaron en construir los elementos plasmáticos, otras el ADN, y otras la membrana. Éxito total, la célula resultó ser un organismo vivo maravillosamente bien diseñado, capaz de dar origen a otras formas de vida, como los metazoarios y luego a otras de diseño infinitamente más complejo. Las células así creadas fueron de dos tipos: las procariotas (sin núcleo ) y las eucariotas (con núcleo). En el marco de este proceso de creación de células, las moléculas autorreplicantes crearon el ácido desoxiribonucleico (ADN) que se alojó en el núcleo de las eucariotas, el cual contiene nada más y nada menos que el código genético, esto es, las instrucciones necesarias para construir seres vivos. Así, el código genético resultó la llave maestra de la vida en el planeta Tierra. ¡Un ente molecular, el ADN, que a pesar de no tener vida controla los procesos celulares!; asunto tanto más asombroso cuanto que no se trata solo de la construcción de estructuras orgánicas, sino también de su funcionalidad.

Hasta ahí la actividad creadora de células que desarrollaron las moléculas autorreplicantes había seguido un curso progresivo: siempre hacia delante, sin pausa alguna, creando más y más células, miles de millones de ellas. Pero entonces sucedió algo inesperado: luego de haber creado miles de millones de células, un buen día las moléculas autorreplicantes pararon su labor sin que nada concreto explique porqué lo hicieron; simplemente dejaron de hacerlo, nunca más crearon células. Por su parte, las células recién creadas tomaron la posta y empezaron, a su vez, a autorreplicarse y a construir los metazoarios, continuando así con el curso progresivo de la vida. No sabemos si en el futuro el hombre pueda hacer todo esto artificialmente, volitivamente, pero lo cierto es que nunca más se repitió esa tarea “espontánea” de aquellas primitivas moléculas autorreplicantes.

El conocimiento científico actual. La biología genética parece apoyarse en la evolución macro darwiniana aplicándola al mundo microscópico de las moléculas y las células. En efecto, a los genetistas les es casi imposible entender la enorme cantidad de datos que surge de los genomas “sin los fundamentos de la teoría de Darwin”, según dice Francis Collins[1], esto es, sin los procesos evolutivos descubiertos por Darwin. En el mismo libro de Collins hay una referencia a otro biólogo[2] quien afirma que “Nada en la biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución”.

Dicho esto centrémonos ahora en el núcleo de la célula eucariota, donde tienen lugar los desarrollos que quiero destacar. El núcleo tiene una capa exterior, la membrana nuclear, y en su interior hay un total de 46 cromosomas en forma de salchichas. Dentro de cada cromosoma hay una cuerda larguísima en forma de espiral, tan larga que si estirásemos las que hay en los 46 cromosomas de una célula y las juntáramos una a continuación de otra alcanzarían una longitud aproximadamente igual a la mitad de la circunferencia terrestre. En medios científicos se dice que la acomodación de este objeto de tanta longitud en un espacio microscópico, es “una portentosa proeza de ingeniería”.

La cuerda en realidad está formada por dos hebras enrolladas una alrededor de la otra, unidas por pequeñas barras, a modo de peldaños, de modo que el conjunto se asemeja a una escalera de caracol, el ADN. La clave de éste reside en los peldaños de la escalera, formados por combinaciones de compuestos químicos o “bases”, que se designan con cuatro letras: A, T, G y C (adenina, timina, guanina y citosina). A solo puede asociarse con T, y G solo con C, formando lo que se conoce como “pares básicos”. A su vez, cada par básico constituye un peldaño, es decir un peldaño es igual a 2 letras. Y así como con solo dos caracteres -punto y raya- el alfabeto morse puede crear infinidad de palabras, la combinación de las cuatro letras forman “palabras”[3] que a su vez componen “historias” que reciben el nombre de genes, los cuales forman “capítulos” que son los ya mencionados cromosomas. El ser humano tiene dos copias de cada gen, una heredada del padre y otra de la madre, y 23 pares de cromosomas en cada uno de los cuales un cromosoma es copia del otro, de suerte que la célula tiene un total de 46 cromosomas. Esto evoca las copias de archivos que automáticamente hacen nuestras computadoras cuando trabajamos con ellos.

El ADN es como un gran manual de instrucciones ubicado en el núcleo de la célula. Su lenguaje es codificado usando solo esas cuatro letras asociadas en los pares ya mencionados, a los que en términos computacionales de hoy en día llamaríamos bits.

Por otra parte, en cada cromosoma hay cientos de genes, encargados de la transmisión de los caracteres hereditarios. Veintitrés cromosomas constituyen el “libro” completo o genoma, el que, en consecuencia, constituye el conjunto de información genética de un organismo. En términos de pares de bases de ADN el tamaño del genoma es enorme: más de tres mil millones de letras, distribuidos en 23 cromosomas. El artículo didáctico ya citado dice que la información contenida en el genoma es inmenso; que un gramo del ácido desoxiribonucleico puede almacenar la información contenida en un billón de discos compactos; y, que cada una de las 100 billones de células que componen el cuerpo humano posee un juego completo de instrucciones genéticas. Empero, Collins aclara que la complejidad de nuestro cuerpo no surge solo de la enorme cantidad de instrucciones, sino del modo en que nuestro cuerpo las utiliza.[4]

En efecto, lo fascinante del ADN no es solo la variedad y cantidad de información en él contenida; también lo es la función de replicación del propio ADN. Máquinas moleculares denominadas enzimas se desplazan a lo largo del ADN y lo desdoblan en dos; luego toman cada hebra como molde y generan una nueva hebra complementaria, la cual luce como una escalera que ha sido cortada longitudinalmente por la mitad con sus peldaños colgando de un lado. También es fascinante el hecho de que esta replicación se complemente con la “lectura” y transcripción de la información contenida en el ADN original mediante un complicado proceso: los genes de éste se activan mediante señales químicas procedentes del exterior del núcleo, y entonces hacen una copia del gen correspondiente valiéndose de una molécula de ARN (ácido ribonucleico, la media escalera) la cual recoge la información del gen y la transporta fuera del núcleo, a un ribosoma ubicado en el citoplasma de la célula, donde es utilizada para sintetizar las proteínas del cuerpo humano.

Origen del diseño. Corresponde ahora que nos preguntemos si hay diseño en todo cuanto hemos visto. La idea de que la vida se inició por azar implica la concurrencia de ciertos eventos fortuitos que hicieron posible el surgimiento de la vida. Esos eventos, según quienes la defienden, serían los inicios de un proceso que habría de desembocar en la formación de las primeras células. Se trataría de eventos que explican la formación estructural de tales células y de los demás seres vivos después, ¿pero pueden esos mismos eventos explicar el funcionamiento de las células y de los seres vivos así creados?

Me resulta imposible creer que no haya diseño inteligente en estos procesos habida cuenta de que se trata no solo de estructuras sino también de funciones, y de la organización y equilibrios inmensamente complejos y delicados que estas cosas suponen. Me parece que lo que en el fondo se discute en diferentes ámbitos de la cultura no es la existencia misma de tal diseño, sino su origen: ¿es de origen natural-espontáneo o sobrenatural-volitivo? La célula, maravillosa entidad con la que empieza la vida, y en particular su ADN, es una contundente razón para creer que sí existe diseño. No es razonable creer que no exista diseño alguno en los genes del ADN, esos conjuntos de instrucciones químicas codificadas, y que tampoco lo haya en ese complejísimo sistema de almacenamiento de información, procesamiento y replicación que conlleva el funcionamiento del ADN. ¡No puede ser que los códigos químicos, que son combinaciones de caracteres para alcanzar determinados fines, no tengan diseño inteligente alguno!

Puedo entender la postura de los biólogos que trasladan la teoría de la evolución desde su nivel macro dawiniano al nivel molecular-celular, pero ¿de dónde provinieron las instrucciones para esos procesos, de modo que el mundo molecular pudiese construir todo lo que construyó y pusiese a funcionar las estructuras del ADN de la manera como funcionan? ¿Cuál es el origen de todo ese impulso y direccionalidad? Más aún, ubicándonos en el período de la pre-vida, el de la abiogénesis, aquel en el que la vida se inicia partir de materia inanimada, cabría preguntarnos: ¿qué fue lo que motorizó y direccionó el proceso por el cual los fragmentos moleculares de hace cuatro mil millones de años dieron el primer paso hacia la vida al formar nuevas y más complejas moléculas autorreplicantes? Y luego, ya en el período propiamente vital, ¿qué fue lo que impulsó y direccionó la creación de las primeras células procariotas, sin núcleo, y luego de las eucariotas con un núcleo en el que alojó al ADN con sus genes y códigos químicos? ¿Y qué fue lo que impulsó y direccionó a las células eucariotas para reunirse y formar los primeros seres pluricelulares?

Aquí me toca decir, con relación a lo dicho por Dobzhansky, que nada de eso tiene sentido excepto a la luz del diseño inteligente. Consecuentemente tampoco tiene sentido que toda esa maravillosa estructura y funcionalidad del ADN hayan sido producto de la espontaneidad y el azar. Más plausible me resulta pensar que hay diseño inteligente y que un Diseñador haya diseñado y creado todo a su manera, y no a la manera que los humanos nos podamos imaginar; que quizás la evolución fue simplemente el instrumento que utilizó Dios para hacerlo, y no que la evolución por sí sola hubiese creado al hombre y demás seres vivos.

Es que tampoco puedo aceptar que el hombre sea solo materialidad que evolucionó material y espontáneamente a partir de la abiogénesis. De ninguna manera; el hombre es mucho más que eso; con razón Collins dice que: “… la secuencia del ADN por sí misma, incluso acompañada de una montaña de datos sobre funciones biológicas, nunca explicará ciertos atributos especiales de los humanos, tales como el conocimiento de la ley moral, y la búsqueda universal de Dios. Liberar a Dios de la carga de actos especiales de creación no lo elimina como fuente de todo lo que hace especial a la humanidad y al universo mismo. Tan solo nos muestra algo de la forma como Él funciona”[5]. Repárese en que ese “Liberar a Dios de la carga de actos especiales de creación” significa aceptar la existencia de Dios como creador fundamental y primordial que utiliza la evolución como instrumento de creación; significa que aunque no haya diseñado directamente a cada ser vivo sí diseñó el proceso evolutivo y sus consecuencias. Un diseño que incluso puede haber previsto márgenes de error en los diseños ulteriores.

Y a propósito de errores: a la vista de ciertas irregularidades y deformaciones que se observan en la naturaleza, algunos sostienen que si hubiere diseño éste no sería inteligente sino chapucero. Pero pregunto: ¿de la existencia de un diseño supuestamente chapucero debe inferirse que el Diseñador también lo es? Carl Sagan ya sostuvo esto último cuando después de decir que “…quizás algunas especies quedan destruidas cuando el Diseñador está descontento con ellas e intenta nuevos experimentos con diseños mejorados”, se pregunta: “¿…no debería haber sido capaz un Diseñador de suprema competencia de hacer desde el principio la variedad deseada?” (“Cosmos”, Cap. II). Entonces me pregunto: ¿hay chapucería en el diseño que se observa en la naturaleza? Y si lo hay, ¿significaría que el Diseñador también es chapucero? Desde el punto de vista de la mentalidad humana es entendible que ante ciertas anomalías genéticas se piense que son fallas de diseño. Pero, ¿y si desde el punto de vista del Diseñador forman parte de su diseño, con propósitos a largo plazo que ahora no entendemos? El natural envejecimiento y debilitamiento biológico de nuestros organismos y la posterior extinción de nuestro cuerpo físico están determinados en nuestros genes, ¿entonces, estos deterioros también son anomalías y manifestaciones de un diseño chapucero?

Estas consideraciones me impulsan hacia espacios allende la ciencia, por eso, y apoyándome en la razonabilidad humana que, en efecto, va más allá de la ciencia, y que no se conforma con una racionalidad científica que no puede rebasar su propio campo metodológico, encuentro que existen tres alternativas con respecto al origen de la vida y por ende del ADN. La primera es la de que no existe diseño ni Diseñador, y que todo cuanto existe es producto de la espontaneidad y el azar. La segunda es la de que sí existe diseño, y que Dios diseñó y creó todas las especies (los “géneros” según la Biblia) de seres vivos, dejándolos sujetos a procesos evolutivos meramente adaptativos. La tercera es la de que existe un diseño esencial, inmensamente abarcante y anterior a cualquier otro diseño ulterior y específico; un diseño inteligente y primordial, creado, direccionado y echado a andar por Dios. Solo descarto la primera alternativa; las otras dos tienen lo que le falta a la primera: racionalidad.

Ante la grandiosidad de la naturaleza no puedo menos que percatarme que las leyes que ordenan el cosmos y la realidad a la que dan lugar, no pueden explicarse por el azar y la mera espontaneidad, es decir sin un diseño inteligente y volitivo. El propio Darwin, antes de volverse agnóstico, dijo que hay grandiosidad en la concepción de que la vida “ha sido alentada por el Creador” en pocas formas o en una sola (El Origen de las Especies). Después, ya agnóstico, posiblemente agnóstico débil [6], se mostró completamente atrapado por las dudas respecto a la existencia de Dios. Pero ahora, ante la maravillosa estructura y funcionalidad de la célula, resulta imposible negar que tiene un fabuloso diseño.

Por otro lado, y dados sus logros y sus posibilidades futuras, parecería que la informática moderna tiene ciertos asomos de similitud con la estructura y funcionamiento del ADN, y que, sin proponérselo, nos está ayudando a percibir a Dios.

— o —

[1] Francis S. Collins, obra citada, cap. 5

[2] Theodosius Dobzhansky

[3] La referencia a “palabras”, “historias”,” capítulos” y “libro”, es un recurso utilizado en el artículo ya citado, que lo recojo aquí por considerarlo de utilidad didáctica.

[4] Francis S. Collins, “¿Cómo Habla Dios?”, cap. 5

[5] Francis S. Collins, obra y capítulo citados.

[6] Aquel que respecto a la existencia de Dios dice simplemente no sé, a diferencia del agnóstico fuerte que dice que el hombre no puede saber si Dios existe.

 

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