Dos visiones diferentes

Artículo de marzo 2018

DOS VISIONES DIFERENTES

Con respecto al futuro de la humanidad suele adoptarse dos enfoques básicos diferentes, que aunque parezcan opuestos, en realidad son complementarios. El primero centra su atención en la dimensión macro de la aventura humana, vale decir, en el curso general de los acontecimientos humanos. El segundo es de carácter micro, centrado en el individuo en sí mismo, o para decirlo más concretamente, en la actitud individual. Podría considerarse al evolucionismo como ejemplo del primero, y al sicoanálisis del segundo.

En cuanto al primero, los aportes de Lamarck y Darwin, y sobre todo de este último, han inspirado numerosas visiones evolucionistas que rebasan el plano biológico original internándose en el cultural y religioso, siendo el aporte de Pierre Teilhard de Chardin probablemente el más abarcante. La visión del ilustre jesuita es de carácter evolutivo de largo plazo. Un proceso que de alguna manera culminará con la evasión de la psiquis humana de su base biológica para formar una mente planetaria (la noosfera, superpuesta a la biosfera) y para la posterior fusión de esa mente con el punto Omega (Cristo). Claro que su autor reconoce la importancia de los valores morales individuales, pero lo hace de una manera más bien tangencial y escueta, al señalar muy a vuelo de pájaro que la evolución terrestre de la vida no podrá rebrotar sin moralizarse[1].

También se podría mencionar, esta vez como ejemplo de evolucionismo ideológico, la respuesta que da Francis Fukuyama a la pregunta de si hay una direccionalidad en la historia del hombre. Al respecto el autor sostiene que la democracia liberal podría constituir “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad, la forma final de gobierno, el fin de la historia”. Se trata de una visión evolucionista ideológico-organizativa del conjunto social, que toma en cuenta “la experiencia de todos los pueblos en todos los tiempos” [2]. En contraste -valga la oportunidad para anticiparlo- en el presente artículo se pretende arrojar luz sobre la misma pregunta de Fukuyama, pero en base a algo diferente: la actitud del individuo, vale decir, poniendo el acento en la célula del cuerpo social, no en el cuerpo mismo. En lo micro, más que en lo macro.      

Al hurgar en las potencialidades de la actitud individual, se ve que el segundo enfoque traslada el acento de lo macro evolutivo a lo micro volitivo, tratando así de complementar la visión del primero. La importancia que le doy a esta temática podría eventualmente ser considerada como meramente intuitiva. ¿Pero es que acaso la intuición de la que estamos dotados es un estorboso incordio que no sirve para nada? Pienso que no es irracional prestar oídos a nuestra intuición; lo irracional son ciertas aberraciones relacionadas con la intuición que suelen producirse en determinadas circunstancias, como cuando, confrontada con la ciencia, se ve claramente que nuestra intuición andaba despistada, no obstante lo cual persistimos en ella, cayendo así en posiciones imposibles de sustentar racionalmente. O como cuando confundimos intuición con lucubraciones fantasiosas, e incluso claramente anti natura; en fin, como cuando hacemos uso abusivo de nuestra intuición. Ahí, en esos errores, está lo irracional, no en la intuición en sí misma.

Pero volvamos a las actitudes individuales. También creo que éstas deben ser analizadas no solo en su mismidad, sino también en las relaciones que se dan entre ellas, a fin de iluminar tema tan importante y trascendente como es el de las relaciones interpersonales. En el fondo, es este tema, el de las relaciones interpersonales, el que está presente en la mente del autor de este artículo. Para bien o para mal hay una relación inescapable entre la actitud individual y el comportamiento del conjunto social. Por eso, las pretendidas transformaciones de la sociedad hacia el bien solo son, como se dice, sueños de perro, inalcanzables, o como dijera Gandhi: “soñar con sistemas tan perfectos en que nadie necesite ser bueno”.

si no se sustentan en actitudes individuales que apunten en esa misma dirección, la de la transformación social. Además, para lograr tan esquivo objetivo es necesario que las actitudes individuales buenas se generalicen a tal punto que restrinjan drásticamente el espacio a las malas. Si la generalización no se logra en su dimensión necesaria, tampoco es posible lograr ese objetivo, y si por algún motivo se lo lograra, el mal seguiría ahí, larvado, esperando la primera oportunidad para manifestarse.

No es coincidencia entonces que el mensaje de Jesús, en lo que concierne a las relaciones interpersonales, apunte hacia la superación espiritual individual de todos. En efecto, el Maestro coloca al desarrollo espiritual individual en el centro mismo de las soluciones sociales, muy por arriba de las soluciones organizacionales. Si quisiéramos resumir su mensaje, en lo que a esas relaciones concierne, podríamos decir que su principal advertencia es la de que sin un desarrollo espiritual individual el todo social no puede aspirar a desarrollarse de modo integral y satisfactorio, pues el todo no puede ser lo que sus partes no lo son. También nos transmite la idea de que, visto el papel protagónico de lo individual, lo fundamental es la lucha personal de cada quien consigo mismo: el disciplinar los pensamientos y sentimientos, el amar al enemigo, el perdonar cuantas veces sea necesario, el ser lentos en cuanto a ira, son casos en los que el telón de fondo es esa permanente lucha interior.

Por otra parte, las advertencias de Jesús sobre la degradación de los valores morales son absolutamente coherentes con la abominable realidad que estamos viviendo todos los días. Por eso la elevación de nuestro desarrollo espiritual individual, con una clara preeminencia sobre lo material, se ha vuelto más necesaria que nunca.

Tampoco es coincidencia que Carl Jung, conocido sicólogo y siquiatra suizo dijera, hace ya más de un siglo, que los grandes problemas de la humanidad no se resuelven con normativas generales sino “…únicamente por renovación de la actitud del individuo”[3]. También él, en el fondo, lo que hace es reconocer como requisito para lograr un mundo mejor, la superación espiritual individual de todos o casi todos.

Para entender la complementariedad que hay entre los dos enfoques es necesario hacer a un lado la evolución bilógica y concentrarnos sólo en la complementariedad que hay entre la evolución cultural y lo sicológico. En tal caso la complementariedad salta a la vista: aisladamente considerados los dos enfoques no nos revelan gran cosa. Es que el curso general de los acontecimientos culturales está anclado a lo que suceda en la psiquis individual de a gente, y lo que suceda en esta última no es irrelevante para la evolución cultural general. Lo bueno o malo que ocurra en la evolución cultural general, y lo bueno o malo que suceda en la actitud individual, están indisolublemente ligados.

http://www.amazon.com/author/carlospalacios

 

[1] Pierre Teilhard de Chardin, “El Porvenir del Hombre”

[2] Francis Fukuyama, “El Fin de la Historia y el Último Hombre”, Editorial Planeta, 1992, y artículo previo relacionado, de 1989.

[3] Carl Gustav Jung, “Lo Inconsciente”, 1906.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *