EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE (2/2)

(Estos artículos se publican el 01 de cada mes, y son de reproducción total o parcial gratuita, citando al autor).

Artículo de julio de 2021

Experiencias cercanas a la muerte, ECM, ser luminoso, ser de luz, amor, conocimiento, actitud de vida.

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Hay vida, algún tipo de vida, después de la muerte. Dicho así, de forma tan resumida, el aserto tiene poco o ningún poder de convencimiento para los no creyentes, pero cuando se lee en detalle los testimonios de quienes fueron entrevistados por el doctor Raymond Moody, la cosa cambia radicalmente.

  • Introducción.

 

El psiquiatra estadounidense Raymond Moody recogió en su libro “Vida Después de la Vida” [1] (1975) los testimonios de numerosas personas que tuvieron experiencias cercanas a la muerte (ECM). Fueron 50, entrevistadas minuciosamente, seleccionadas de entre 150, que le narraron las vivencias (si se las puede llamar así) por las que pasaron durante sus experiencias.

Hay quienes le restan importancia a las ECM bajo argumentos farmacológicos, fisiológicos, neurológicos y eventualmente psicológicos. Son argumentos que no pueden explicar satisfactoriamente esas experiencias, y que Moody los rechaza.

El argumento farmacológico afirma que las ECM pueden producirse por efecto de los medicamentos suministrados al paciente. A esto Moody replica diciendo que en muchos casos no se administró droga alguna antes de la experiencia cercana a la muerte, y que incluso en algunos casos el sujeto ni siquiera recibió atención médica antes de su ECM.

El argumento fisiológico -según Moody- dice que la ECM es simplemente la última respuesta (algo así como los últimos estertores, si se me permite el símil) que da el cerebro al dejar de recibir oxígeno durante la muerte clínica. El problema, continúa el autor, es que muchas de las ECM se produjeron con anterioridad al trastorno fisiológico del cerebro que la falta de oxígeno provoca.

Tal vez el caso más conocido sea el de Pam Reynolds, compositora musical estadounidense (1956-2010), cuyo corazón fue paralizado, y suspendida la irrigación de sangre a su cerebro (¡nada menos que eso!) para hacer posible el procedimiento que hubo de aplicarse al aneurisma cerebral que la paciente tenía.

La experiencia extracorpórea que ella tuvo entonces no puede explicase con el argumento fisiológico, dado que ocurrió cuando el cerebro de Pam ya estaba totalmente inactivo por la falta de oxígeno, su corazón detenido, e incluso la paciente ya había sido declarada clínicamente muerta. ¿Cómo puede un cerebro totalmente inactivo producir tales experiencias? ¿Cómo puede producir visiones posteriores a su inactividad?

Con respecto al argumento neurológico, el autor dice que algunos podrían suponer que las ECM se producen por el mal funcionamiento del sistema nervioso. Pero, agrega: aunque las experiencias durante un ataque neurológico (trastornos originados en problemas del sistema nervioso) pueden tener algún parecido con las ECM, es claro que las diferencias son muy grandes. Por ejemplo, continúa, en la revisión de sus vidas durante una ECM las personas ven las imágenes en el orden cronológico en que sus vivencias se produjeron, con un sentido panorámico unificador, y, además, las pudieron recordar; en cambio, durante un ataque neurológico las imágenes no se presentan con orden alguno, no se refieren a acontecimientos significativos sino triviales, desaparecen apenas aparecen, y el sujeto no las puede recordar.

Con respecto al argumento psicológico, Moody dice que el problema es que los psicólogos están divididos en escuelas de pensamiento, de modo que sus explicaciones sobre las ECM varían ampliamente, de acuerdo a la escuela a la que pertenezca el psicólogo. Por ejemplo, “Los seguidores de las teorías de Freud se complacerían en ver en el ser luminoso (que aparece en las ECM) una proyección del padre del sujeto, mientras los jungianos (seguidores de Jung) verían arquetipos del inconsciente colectivo).

Resulta interesante -para cerrar esta primera sección- considerar una breve reflexión que hace Moody sobre la reencarnación. Dice que ninguno de los casos que estudió es indicativo de que la reencarnación se produzca o no se produzca, pero reconoce que no sería apropiado hablar sobre este   tema con quienes pasaron por una ECM (dado que regresaron). Sin embargo, anota, “si la reencarnación existe, parece lógico pensar que se producirá un intervalo en alguna otra esfera entre el tiempo de separación del viejo cuerpo y la entrada en otro nuevo”.

  • El amor y el conocimiento.

 

Algunos de testimonios sobre las ECM relatados en el libro me impresionaron sobre manera, más allá de que el autor no los haya destacado en su libro, aunque sí en otro que veremos más adelante. Uno de esos testimonios registra la idea de que el amor y el conocimiento son muy importantes, y que tal idea se internaliza vívidamente en la mente de esas personas durante sus experiencias cercanas a la muerte. Algunos sujetos entrevistados por Moody entendieron esa internalización como un intento educativo subliminal, sin palabras, de parte del ser de luz que aparece en sus experiencias cercanas a la muerte.  

En su segundo libro sobre el tema -que veremos más adelante- a Moody, le paree natural que en las ECM “…pasen a primer plano, con gran relieve, dos cualidades que atañen directamente a la mente, es decir, el amor y el conocimiento”.

Todo esto se aprecia claramente en la sección “La revisión”, del libro de Moody. ¿Qué es esta “revisión”? Es el testimonio de esas personas, de que durante sus experiencias cercanas a la muerte se producía un momento intenso en el que, en apenas un instante de tiempo terrestre, un ser luminoso proyectaba en sus mentes un detallado recuento de su vida pasada. En ese momento tenía lugar una sucesión de imágenes increíblemente vívidas y reales, a veces hasta tridimensionales, en color, en movimiento y en orden cronológico, que pasaban a gran velocidad.

La sucesión de imágenes -dice el siquiatra- sugería que el ser de luz quería relievar la importancia de dos cosas: “aprender a amar a los demás y adquirir conocimiento”. Resultan significativas las circunstancias específicas bajo las cuales quienes estaban próximos a la muerte percibían esta enseñanza del ser luminoso.

En efecto, sin palabras el ser de luz parecía querer enseñar que hay que hacer cosas en favor de otras personas, poniendo en ello el máximo de las capacidades individuales. Uno de los entrevistados dijo que durante su experiencia sintió “la presencia de un ser amante enormemente poderoso”, y que al sentirse totalmente amado y aceptado por él, tuvo la sensación de que el ser le preguntaba si sería capaz de amar a los demás de la misma manera.

Basándose en los testimonios de sus entrevistados, Moody agrega que, en general, la persona que está pasando por una ECM “está inundada de un intenso sentimiento de alegría, amor y paz”; que es un amor total el que proviene del ser luminoso; y que su luz es de un amor y de una comprensión perfectos.

Por otra parte, algunos entrevistados sintieron que el amor, o las oraciones de otros, los trajeron de vuelta a su vida física, sin que para eso hubiese intervenido para nada su propia voluntad (la del entrevistado).

Además, cuando la sucesión de imágenes mostraban que el sujeto había actuado con egoísmo, el silencioso magisterio del ser de luz enseñaba que también hay que aprender de errores como ese.

Al analizar los efectos de las ECM sobre las personas que las tuvieron, Moody advierte que hay un notable acuerdo, en el sentido de que “casi todos han puesto de relieve la importancia que tiene tratar de cultivar en esta vida el amor a los demás, un amor profundo y único”.

Evidentemente también era una manifestación de solidaridad y amor la ayuda que daban los seres incorpóreos que se le aparecen al individuo que está pasando por una ECM. De la narrativa de Moody se desprende que la ayuda es para facilitarles la transición a la muerte definitiva en unos casos, o para persuadirles de que su tiempo de morir no había llegado aún, y debían regresar a sus cuerpos físicos.

Otra de las cosas que el ser luminoso internalizaba en la mente de quienes estaban próximos a la muerte era el conocimiento. El sujeto percibía que el conocimiento es un proceso continuo, y que incluso prosigue después de la muerte. Esto sugiere que tal conocimiento hay que entenderlo en su más vasto alcance, no solo el científico.

Ahora bien, dado que las explicaciones de las ciencias sobre las ECM no han sido satisfactorias, el misterio de estas últimas no solo que sigue en pie, sino que también nos induce a buscar respuestas en el plano extra natural, cosa que, por cierto, queda a la perspicacia del lector. En todo caso, lo que sí debo resaltar aquí es que, debido a estas circunstancias, el amor universal, y la búsqueda del conocimiento cobran inusitada importancia y trascendencia. En efecto, una cosa es que desde el plano humano se nos haga ver la importancia del amor universal y el conocimiento, y otra que eso se lo haga desde el más allá (o casi desde el más allá)

  • Los efectos sobre la actitud de vida.

 

Moody dice que las ECM tuvieron sutiles efectos sobre quienes las tuvieron: esos seres sobrevivientes de tales experiencias, es decir, sus entrevistados, al regresar a sus vidas cotidianas.

Algunos sentían “que los horizontes de sus vidas se habían ampliado”; que se habían vuelto más reflexivos y mostraban más preocupación por las cuestiones filosóficas fundamentales; que habían cambiado de actitud ante la vida física a la que habían vuelto.

Uno de ellos le dijo que después de la experiencia “había madurado, y se abría ante mí un mundo nuevo del que antes no conocía ni siquiera su existencia”.

Después de pasar por la ECM -informó otro-”comencé de repente a preguntarme si estaba haciendo cosas porque eran buenas o porque me agradaban a mí”, reiterando luego: “Quiero hacer las cosas porque sean buenas, no porque sean buenas para mí”.

Otros le contaron que después de sus ECMs habían cambiado el concepto que tenían de sus propias mentes. Una mujer le dijo que después de la experiencia “mi mente se ha convertido en el principal punto de atención, y el cuerpo ha ocupado un lugar secundario; solo es algo que contiene a la mente”.

Moody también dice que en unos pocos casos las personas le reportaron haber adquirido facultades intuitivas para-psíquicas. Expresiones de algunas de ellas lo ratifican: “Tengo la impresión de que ahora sintonizo más con la gente”; “Creo que las experiencias de la muerte me han proporcionado la facultad de sentir lo que otros individuos necesitan en sus vidas”; “… he tenido la sensación de que puedo recoger los pensamientos y vibraciones de la gente”; “A menudo puedo saber lo que van a decir antes de que lo hagan”.

De los efectos sobre la actitud de vida, relatados por el autor del libro, se desprende que también los hubo con respecto al amor. Moody destaca que casi todos los entrevistados pusieron de relieve la importancia de cultivar el amor a los demás, “un amor profundo y único”.

Así mismo, muchos quedaron convencidos de la importancia de adquirir conocimiento; que no importa la edad que se tenga, no hay que dejar de aprender pues se trata de un proceso que continúa por toda la eternidad. ¿Qué continúa por toda la eternidad, después de la muerte física? He ahí un grandísimo e inextricable misterio.

  • Reflexiones sobre las ECM

 

Cuarenta y cinco años después de “Vida después de la vida”, Moody publicó un nuevo libro, complementario del anterior, titulado “Reflexiones sobre la vida después de la vida” (2020). Ahí registra los relatos de muchos otros casos que investigó después de haber recopilado los que le sirvieron de base al primero. En esta segunda etapa encontró los mismos elementos vivenciales de la primera; sin embargo, también fue informado sobre algunos nuevos que los explica en su segundo libro.  

Un primer nuevo elemento -nuevo en cuanto a los matices que se muestran en él- se refiere al conocimiento. Uno de los sujetos que entrevistó le dijo que se trataba de un fugaz momento de conocimiento de todas las cosas, una sensación de conocerlo todo, un todopoderoso conocimiento de lo sucedido desde el principio de los tiempos y de lo que sucederá por toda la eternidad, a propósito de lo cual el entrevistado recordó un texto bíblico: “Todas las cosas os serán reveladas”. Pero el sujeto también aclaró que esa sensación de conocerlo todo “desapareció cuando retorné a mi cuerpo”.  

Otro elemento nuevo es el de las “ciudades de luz”. Numerosos individuos, dice el siquiatra, coincidieron en informarle que tuvieron una fugaz visión de otros ámbitos de la existencia, que los percibieron como ciudades de luz, lo cual, agrega el autor, parece ser una reminiscencia de la Biblia. Los edificios lucían resplandecientes, había fuentes de agua centelleantes, música hermosa y gente feliz.

También le relataron sobre la presencia de una enorme cantidad de seres con formas no rotalmente humanas, confundidos y desorientados, que trataban infructuosamente de comunicarse con seres humanos terrestres.

En varias ocasiones los entrevistados le informaron haber sido salvados de la muerte física por un ser espiritual, que el sujeto lo identificaba como Jesucristo o Dios mismo. Algunos iban más allá al agregar que percibían el amor que emanaba de ese ser. Otros percibían que el sentido de la pregunta “Qué has hecho con tu vida”, que les hacía el ser durante la experiencia cercana a la muerte, era el de: ¿qué has hecho con tu vida por amor a los demás?.

Como se puede apreciar, si bien el amor y el conocimiento no son elementos nuevos, pues ya fueron brevemente tratados en el primer libro, el segundo aporta matices interesantes.

Según Moody, el amor agape es la clase de amor al que se refirieron sus entrevistados, un amor “desbordante, espontáneo”. Creo que aquí hay un error de interpretación del autor, pues los entrevistados parecían referirse a algo más profundo y significativo que meramente desbordante y espontáneo. De hecho el amor agape, más allá de cómo lo hayan descrito, no es siempre espontáneo ni desbordante; es más bien calmo y reflexivo, y sobre todo, volitivo y construible.  

En cuanto al conocimiento, dice que aquel del que hablan quienes regresan de una ECM es de tipo fáctico y teórico. Esta interpretación de Moody podría ser insuficiente pues podría dejar fuera a otras formas de adquirir conocimiento, como la revelación y la intuición. Uno de sus entrevistados definió el conocimiento de manera más acorde con las circunstancias que le tocó vivir, al matizarlo como: “…el conocimiento más profundo, el relacionado con el alma…; sabiduría le llamaría yo” (los entrevistados por Moody siempre hablaron de la insuficiencia de las palabas para relatar sus EMC).

A propósito de amor y conocimiento, cuando alguien le preguntó al autor si sus investigaciones han repercutido en su vida personal, una de las cosas que respondió fue: ”Deseo seguir perfeccionándome, en la medida de lo posible, en el campo del amor a los demás, y de adquisición de conocimiento y sabiduría”

En fin, los nuevos casos de ECM fueron muchos y variados, los cuales, sumados a los anteriores, llevan a Moody a decir que “estoy seguro de que muy pronto la cuestión no será la de si tal fenómeno (la ECM) se da, sino qué se va a hacer con respecto al mismo”. Es decir, que se puede dudar y debatir sobre el la naturaleza y significado de estos fenómenos, pero ya no se puede negar que han existido y existen.

Podría pensarse que el mito de Er [1] es un antecedente a los textos de Moody, pero sus coincidencias con este último se reducen a la experiencia extracorpórea que en el mito se menciona. Pero en el mito se la pesenta en términos tan escuetos que prácticamente le quita la posibilidad de ser considerada como un antecedente. El resto del mito es simplemente una fábula que no puede comparársela con los informes del siquiatra. Es que fábula y vivencias personales no son comparables.

  • Conclusiones

 

Hay vida, algún tipo de vida, después de la muerte. Dicho así, de forma tan resumida, el aserto tiene poco o ningún poder de convencimiento para los no creyentes, pero cuando se lee en detalle los testimonios de quienes fueron entrevistados por el doctor Raymond Moody, la cosa cambia radicalmente. Hay vida, algún tipo de vida, después de la muerte. Dicho así, de forma tan resumida, el aserto tiene poco o ningún poder de convencimiento para los no creyentes, pero cuando se lee en detalle los testimonios de quienes fueron entrevistados por el doctor Raymond Moody, la cosa cambia radicalmente. Él cree que se puede “… llegar a aceptar intelectualmente, incluso sin pruebas tajantes, que hay otra dimensión de la existencia a la cual pasa el alma después de la muerte”.

Es evidente la relevancia que se da al amor universal en los relatos de los sobrevivientes a las ECM. Esto podría ser de la mayor importancia, pues el que se lo haga desde el más allá es un espaldarazo a la importancia que le damos al amor en nuestro mundo. También podría ser de la mayor importancia la relevancia que se le da al conocimiento en su más amplio sentido, incluso con un toque de misterio, toda vez que se habla de que el proceso cognitivo continúa después de la muerte.  

Llama la atención que las ECM prácticamente no muestren facetas religiosas. En especial cabe destacar que ninguno de los que pasaron por ellas elucubró sobre la naturaleza del ser de luz, salvo alguna excepción en la que se lo identificó con Jesucristo o Dios mismo.

Finalmente, debo resaltar que el autor ha sido riguroso y aséptico al presentar los testimonios tal como los recibió de sus entrevistados. Y en eso precisamente radica su importancia, más allá de que no sea un libro científico, como repetidas veces lo aclara. Empero, una detenida lectura de los dos libros aquí comentados sugiere que las implicaciones de las ECM son realmente profundas. Así se entiende el revuelo que provocó la publicación de “Vida después de la vida” en las últimas décadas del siglo pasado.

[1] Platón, La República, libro décimo

[1] Ver mi artículo “Experiencias cercanas a la muerte”, parte 1, junio 2021

 

 

 

 

 

 

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