FLEXIBILIDAD Y ECLECTICISMO

Flexibilidad y ecleticismo

(Estos artículos se publican el 01 de cada mes, y son de reproducción total o parcial gratuita, citando al autor).

Artículo de agosto de 2021

http://www.amazon.com/author/carlospalacios

Flexibilidad, tolerancia, eclecticismo, leyes injustas.

En este artículo no voy a referirme a la flexibilidad acomodaticia, blandengue y pusilánime -que suele darse- sino a una que, lejos de tozudos fanatismos y dogmatismos, busque la sabiduría y la verdad. Tampoco voy a referirme a un eclecticismo que sea una mera yuxtaposición de soluciones irreconciliables; que trate de quedar bien con Dios y el Diablo; que sea intrascendente y sincrético; que se lance en pos de soluciones poco o nada racionales empujado por urgencias del momento. Voy a referirme, más bien, a un eclecticismo que es diversidad en la unidad, que recoge lo mejor de las alternativas posibles, y que es una opción más racional que una solución extrema; un eclecticismo así, en tanto sea búsqueda de lo mejor de varias soluciones racionales, para reunirlas sinérgicamente, es pragmático y abierto a los criterios de los demás.  

Ahora bien, una de las características que más me sorprenden del magisterio de Jesús, es ese delicado equilibrio que se observa en sus actitudes de vida, cosa que poco destacan sus exégetas. Se trata de cierta flexibilidad inteligente y razonable al lidiar con los asuntos cotidianos, que evita optar por soluciones extremas, salvo excepciones, al tiempo que salvaguarda valores superiores. Mateo registra algunos casos en los que claramente se advierte esa actitud en el Maestro. En Magadán[1] se le acercó un grupo de fariseos y saduceos, que ya conocían de sus milagros, no obstante lo cual, para tentarlo, le pidieron que les mostrase “alguna señal en el cielo”. Debe haberse sentido molesto por tamaña desfachatez. Los mató con la indiferencia, como se dice, y se marchó sin acceder a ese capricho[2].

En otra ocasión reaccionó de la misma manera ante algunas personas que, de entre una multitud, le pidieron una señal “procedente del cielo”[3]. Sin embargo, cuando consideró que una petición de ese tipo era atendible, sí la aceptó. Eso ocurrió, por ejemplo, cuando se acercó caminando sobre un turbulento mar a la barca en que estaba el atemorizado Pedro, y éste creyendo que se trataba de un fantasma, le dijo: “Señor, si eres tú mándame a venir a ti sobre las aguas”, a lo que Jesús accedió, y le mandó ir hacia él[4]. Lo que me interesa destacar no es el milagro en sí mismo, ni lo que vino después, sino el hecho de que aceptó hacer un milagro a título de señal (“…si eres tú mándame a venir…”) pese a que en otras ocasiones se negó a hacer milagros solicitados en calidad de señales.

Así pues, evitó caer en el extremo de fijarse como norma inamovible no hacer milagros en calidad de señales, sino actuar razonablemente, con flexibilidad, según las circunstancias, dejando, de paso, la enseñanza implícita de que el relativismo, que tan a menudo es malo, en ciertos casos no lo es.

Otro ejemplo de su flexibilidad se manifiesta en el tratamiento que dio a los fariseos. Eran sus enemigos y a menudo los llamaba hipócritas; sin embargo, no tuvo inconveniente en aceptar la invitación a comer que le hiciera uno de ellos. ¿Fue eso una incoherencia? ¿Fue eso una doble moral? Visto el asunto en el contexto de su magisterio, es claro que no lo fue, sino más bien el resultado de una flexibilidad perspicaz. Más aún, durante esa comida no tuvo empacho en increpar a los fariseos, delante de uno de ellos -precisamente el que lo había invitado- por no balancear los diezmos que ellos daban, con la justicia que también tenían que practicar en otros casos. Dijo: (ustedes) tenían la obligación de hacer esas cosas (dar diezmos), pero de no omitir aquellas otras (no pasar por alto la justicia y el amor de Dios)”. [5] Hacer caso a la justicia y al amor de Dios, “Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro”, agregó, enfatizando así que el cumplimiento de un deber no dispensa el cumplimiento de otro. Flexibilidad, frontalidad y autenticidad fue lo que demostró en esa oportunidad.

En un tema tan cotidiano como el de la alimentación dejó huellas de su flexibilidad y equilibrio. Al enseñarnos a pedir al Padre el pan de cada día, aconsejó que lo hiciéramos pidiendo “según la necesidad del día[6], es decir, sin sub-consumo ni consumismo, sino según lo requerido por nuestras necesidades diarias. ¡Cuán actual es esto en un mundo en el que hambrunas y desperdicio de comida coexisten!  

En el evangelio apócrifo de Tomás, encontrado en 1945 en Egipto (Nag Hammadi) consta el siguiente consejo atribuido a Jesús: … “Si se os pregunta: ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que lleváis en vosotros mismos?, decidles: Es el movimiento y a la vez el reposo». Esta sería otra manifestación de la sabiduría flexible y ecléctica de Jesús, algo críptica tal vez; en todo caso se trataría de una postura contraria al maniqueísmo tozudo y estático; contraria al falso dilema de hacer versus no hacer; se trataría de entender que la verdad suele estar alejada de los extremos.

Ahora bien, pese a esa actitud flexible, no intransigente, no tozuda, también acudió excepcionalmente a medidas extremas cuando lo creyó necesario. Su arremetida contra los mercaderes del Templo, que sin embargo no produjo daños físicos personales, fue uno de esos casos, pero su más grande ejemplo de actitud absoluta y decidida, que la llevó hasta sus últimas consecuencias, fue su propio sacrificio. Nada de buscar arreglos amistosos con el clero de la época para salvar el pellejo, sino una valentía extrema como forma de culminar su magisterio de la manera que tenía que culminar para empoderar su universal mensaje. De esa actitud flexible, y de ese no descartar soluciones extremas excepcionales, emerge una sabiduría que no es fácil definir, una sabiduría casi inefable.

Su flexibilidad también se puso en evidencia cuando rechazó normas y leyes injustas, como el apedreamiento a las adúlteras, lo cual no le impidió respetar otras normas y leyes establecidas. No le impidió, por ejemplo, ordenar a Pedro pagar el impuesto al templo con la moneda que predijo que la encontraría en la boca de un pez[7], y tampoco cuando le pidieron su opinión sobre el pago de impuestos a Roma, y él, con un denario a la vista, respondió “… al emperador lo que es del emperador y a Dios lo que es de Dios.” [8] Con respecto a esto último, resulta interesante la versión extensa de Pablo cuando dijo: “Denle a cada uno lo que le corresponde. Al que deban pagar contribuciones, páguenle las contribuciones; al que deban pagar impuestos, páguenle los impuestos, al que deban respeto, respétenlo; al que deban estimación, estímenlo”.[9] Fue un acierto de Pablo interpretar la postura de Jesús sin acotarla a impuestos y contribuciones, sino más bien haciéndola extensiva a situaciones de honor, estimación y respeto. La interpretación de Pablo allana el camino a las soluciones flexibles y eclécticas en todas las situaciones conflictivas que se presentan en las relaciones interpersonales.  

A propósito de flexibilidad, permítaseme ahora una digresión sobre Paulo Coelho. En uno de sus numerosos textos relativos a sus andaduras por el camino de Santiago de Compostela, encuentro estas plegarias que el autor pone en boca de su guía Petrus[10]:

“Tened piedad de los que tienen piedad de sí mismos y se consideran buenos e injustamente tratados por la vida, pero también tened piedad de los que son crueles consigo mismos y solo ven maldad en sus propios actos”.

“Tened piedad de los que comen y beben y se hartan pero son infelices y solitarios en su hartazgo; pero tened más piedad aún de los que ayunan, censuran, prohíben y se sienten santos”.

“Tened piedad de los que no creen en nada, pero tenedla más aún de los que poseen la fe ciega, y en los laboratorios transforman el mercurio en oro, y están rodeados de libros sobre los secretos del Tarot y el poder de las pirámides”.

“Tened piedad de los que no ven a nadie más allá de sí mismos y sufren en silencio la soledad del poder, pero tened también piedad de los que fueron pródigos en todo y procuran vencer el mal solamente con amor”.

“Tened piedad de nosotros cuando pensamos que cometemos un crimen y en verdad salvamos a alguien”.

¿A qué vienen estas citas? (que dicho sea de paso, no implican juicios de valor de mi parte respecto a cada una de ellas). Pues a que todas ellas están basadas en una idea que ya se puso de manifiesto en el magisterio de Jesús: la de que la verdad no necesariamente es maniquea, y que a menudo es, más bien, flexible. Por eso yo añado esta otra plegaria: Tened piedad de quienes creen que todo en la vida es relativo, pero también tenedla de quienes creen que los valores universales no admiten excepciones.

Así mismo, otro personaje citado por Paulo Coelho relata la excusa dada por la encargada de una iglesia para no proporcionarle aceite a una parroquiana que lo necesitaba: “Está escrito en el Evangelio: estad preparados, pues nadie sabe la hora en que llega el novio”, excusa ante la cual el padre de la encargada le reconvino: “Cuando el asunto implica caridad hacia el prójimo, no es preciso actuar de acuerdo con lo que está escrito”. Fin de la digresión.

Volvamos ahora a la flexibilidad de Jesús. A veces, en las culturas actuales se suscitan problemas de consciencia cuyas soluciones parecen requerir de la actitud flexible que practicó Jesús. Son problemas que si bien podrían ser susceptibles de otro tipo de soluciones, solo las basadas en el amor y la justicia son razonables. Imaginemos a un ser humano que se encuentra obligado ante Dios y ante los hombres a revelar un secreto, pero con la certeza de que si lo hace, su familia será asesinada por una siniestra banda de sicarios, como podría ocurrir en el caso de una extorsión extrema, razón por la cual opta por el suicidio. ¿Es justa y razonable esa decisión? ¿Es justo y razonable que a un paciente en etapa terminal se le aplique -a solicitud suya- la eutanasia? ¿Es justo y razonable disculpar a alguien que transgrede una norma de comportamiento de importancia relativa menor, sacándolo de algún apuro sin causar perjuicio significativo a otro, pero siempre violando la norma? Parecería que se trata de situaciones en las que las soluciones fundamentales, como la de no interrumpir la propia vida, no matar, no violar norma alguna, no son las más aconsejables, y que las circunstancias del momento deben necesariamente tenerse en cuenta. O para usar el conocido ejemplo de Peter Singer: “Puede que normalmente sea malo mentir, pero si estuviéramos viviendo en la Alemania nazi y la Gestapo tocara a la puerta buscando judíos, seguramente estaría bien negar la existencia de la familia judía que se esconde en el ático”[11] , negación que, conforme al autor, no implicaría el fracaso de la ética en su conjunto, cosa con la que concuerdo.

¿Son justas y razonables las soluciones ad hoc, tipo Singer, en los casos señalados? Es difícil responder de una manera sencilla a una casuística como esa, de la que solo he puesto unos pocos ejemplos, pero que en la vida real es mucho más numerosa y variada. Sin embargo, sí es posible insistir en algunas conclusiones a manera de guías, como la que mencioné anteriormente. Los principios morales universales, que están involucrados en todos esos ejemplos, no pueden ser aplicados a rajatabla, sin tener en cuenta las circunstancias, pero tampoco cabe que tales circunstancias se las utilice como pretextos para no respetarlos, y cometer toda clase de abusos. Para ser éticas, justas y razonables, las soluciones excepcionales, que se apartan del canon establecido, deben basarse en el amor y la solidaridad, sin menoscabar, sin renunciar, a esa condición natural y permanente del alma humana que es la ética y la moral.

¿Podría considerarse como doble discurso esa actitud de flexibilidad, de tolerancia y de comprensión de las circunstancias en las que se encuentra el prójimo? Soy de la opinión de que, en general, ni el profundo sentido ético que hay en el alma humana, ni los principios morales universales, salen mellados por soluciones casuísticas y circunstanciales que se basen en el amor y la solidaridad. Las actitudes flexibles que mostró Jesús parecen inspiradas en esa misma convicción. En nuestro tiempo, la flexibilidad razonable de Jesús, que conduce a un eclecticismo edificante, no ha perdido su importancia; por el contrario, en un mundo maniqueo desgarrado por tantos fundamentalismos y extremismos, es más necesaria que nunca.

Pero muchas manifestaciones de la cultura actual no abonan en favor de la flexibilidad y del eclecticismo positivos. En el mundo actual lo que abunda es el dogmatismo -un antivalor contrario a la flexibilidad y el eclecticismo- en los más variados campos. En lo religioso abundan el dogmatismo y el extremismo, alimentados por la idea de que la mía es la única religión verdadera, las demás están equivocadas. El dogmatismo y el extremismo no solo que rechazan el pluralismo religioso o la falta de religiosidad, sino que a menudo desembocan en conflictos sociales, guerras y terrorismos religiosos. En 1979, con el derrocamiento del Shah de Irán Reza Pavhlevi, empezó el renacer de lo que en occidente se denomina “fundamentalismo islámico”, queriendo significar con esta expresión no cualquier fundamentalismo, sino aquel que se sesga hacia el fanatismo y el extremismo, o dicho de otra manera: que no toda actitud fundamentalista es mala.

En el campo político la situación es tan o más desoladora. Florecen los extremismos, y no pocos líderes políticos tienen la tendencia a creerse dueños de la verdad, y por lo tanto a despreciar a sus adversarios. Estas situaciones suelen desembocar en dictaduras veladas o desembozadas, y en ambos casos los derechos humanos resultan gravemente fracturados. La intransigencia y la intolerancia suelen conducir a luchas encarnizadas por el poder, a conflictos sociales, guerras y guerrillas, y lo que menos florecen son las convergencias y los consensos.

Así mismo, en el campo étnico la intransigencia y la intolerancia conducen a muy graves atropellos a los derechos humanos. La humanidad no olvidará jamás el abominable holocausto de los judíos en la Alemania nazi, del cual todo parece estar dicho. Lamentablemente en el mundo contemporáneo aún hay mucha exclusión por razones étnicas y económicas, así como guerras tribales que cobran víctimas entre gente inocente. Un atisbo de esperanza de que la flexibilidad, la comprensión y el eclecticismo florezcan, suele hacerse presente cuando organizaciones y personas individuales se involucran en diálogos interreligiosos, así como en diálogos ciencia-religión, y por supuesto en diálogos interculturales, sociales y políticos.

Pero el éxito en la búsqueda de convergencias y consensos es más bien escaso. Por supuesto, el caso exitoso más conspicuo quizás sea el de la Declaración de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, acordada luego de la Segunda Guerra Mundial, lo cual, por cierto, no significa que el mundo la esté respetando a rajatabla.

Otro caso notable de éxito, aunque en un ámbito mucho más acotado que el del caso anterior, y que lo menciono a título de ejemplo, fueron los pactos de la Moncloa, del 25 de octubre de 1977, sobre economía y asuntos jurídico-políticos, celebrado entre el gobierno español y los principales partidos políticos, apoyados por empresarios y trabajadores, luego de la grave crisis mundial del petróleo (1973), y del fin del régimen franquista (1975) con la subsecuente proclamación de Juan Carlos como rey de España. En lo económico se alcanzaron consensos en temas monetarios, cambiarios, tributarios, fiscales, laborales, y control financiero. En los temas jurídico-políticos los acuerdos versaron sobre eliminación de la censura previa, libertad de expresión y de prensa, derechos de reunión y de asociación, criminalización de la tortura, y transparencia.  

En lo que al eclecticismo edificante concierne, que es al que me estoy refiriendo en este ensayo, no a un bobo-eclecticismo, es digna de mención la actitud ecléctica de Mahatma Gandhi, líder del nacionalismo indio, nacido en 1869 y asesinado en 1948. Ecléctica fue la resistencia pasiva que predicó y practicó al juntar cosas aparentemente contrapuestas, como son la no violencia y la lucha contra una potencia extranjera, Inglaterra. Ecléctico fue su liderazgo en aquella épica marcha realizada en 1930 contra el monopolio de la sal, valiente, a la par que pacifista. Ecléctico fue su ardiente deseo de lograr la convivencia pacífica entre hindúes y musulmanes, independientemente de que al final sus deseos no se cumplieran y se formaran dos estados separados, India y Pakistán. En fin, ecléctico fue su ascetismo no eremítico sino en contacto activo con el mundo.

Otro caso notable de flexibilidad, tolerancia y eclecticismo fue el de Nelson Mandela (1918-2013), político y activista sudafricano, líder de la lucha contra el racismo y el apartheid. Un hombre que, sin perjuicio de su flexibilidad, tolerancia y eclecticismo, también tenía convicciones firmes como la roca, que ni los 27 años que pasó en prisión (1963-1990) pudieron quebrarlas. Su lucha contra el racismo y el apartheid no le impidió denunciar los crímenes y abusos vengan de donde vinieren. “He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra”, dijo durante el juicio en el que lo condenaron a cadena perpetua.

Mandela negoció con Frederik De Clerk, presidente blanco de Sudáfrica, el desmantelamiento del apartheid y la construcción de una democracia multirracial. Una vez en el poder pudo haber caído en la tentación de pagar a los blancos con su misma moneda de segregación y exclusión, pero no lo hizo así, sino con su propuesta de un Estado multirracial. Pensaba que la reconciliación de su país no significaba olvidar las injusticias y los dolores pasados, pero, al mismo tiempo, que la nación no podía fundamentarse sobre sentimientos de venganza. Su visión tolerante, flexible y ecléctica, reconocida internacionalmente, lo llevó, cuando asumió el poder, a incluír a De Clerk en su gobierno, como Vicepresidente. Ambos compartieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

Ahora, como conclusión de todo lo dicho cabría preguntarnos si la flexibilidad y el eclecticismo que practicó y enseñó Jesús, basados en el amor al prójimo, siguen siendo válidos, y si han sido asimilados extensamente por la sociedad moderna, o solo marginalmente. El lector puede sacar sus propias conclusiones. A mí me parece evidente que siguen siendo válidos y necesarios, urgentemente necesarios, a condición de que estén inspirados en la solidaridad y en la construcción de amor, y no en el logro de fines inconfesables.

 

[1] Región ribereña al mar de Galilea

[2] Mateo 16: 1-4

[3] Lucas 11: 16 y 29

[4] Mateo 14: 28-29

[5] Lucas 11: 37 y 42

[6] Lucas 11: 3

[7] Mateo 17:27

[8] Mateo 22: 21

[9] Romanos 13:7

[10] Paulo Coelho, “La Oración de Petrus”.

[11] Peter Singer, “Ética Práctica”, 1979, edición en Inglés

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