LA IDEA DE DIOS

 

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Artículo de diciembre 2018

 

LA IDEA DE DIOS

El Dios en el que yo creo.

 

Algunas personas rechazan la existencia de Dios por causa de las aberraciones que advierten en muchas de las manifestaciones de religiosidad, especialmente de ciertas organizaciones religiosas. El basarse en tales aberraciones es, a su vez, otro grave error, como trataré de explicar en este artículo. Para estos efectos consideraré, entre otros elementos de juicio, las posiciones del sicólogo y filósofo estadounidense William James (1842-1910) y la del filósofo- empresario Vitaly Malkin (nacido en Rusia en 1952). Esto en razón de que, aunque separadas por más de cien años entre los momentos en que fueron expuestas, esas posiciones son representativas de lo que mucha gente piensa sobre la existencia de Dios, a más de ser totalmente opuestas entre sí.  

William James da una preeminencia absoluta a la religión personal, a la que llama “constitución religiosa” del ser humano, preeminencia que la coloca muy por encima de la religión institucional y eclesial. Considera a la religión personal como más fundamental que cualquier teología o sistema eclesiástico, definiéndola como “los sentimientos, los actos y las experiencias de hombres particulares en soledad, en la medida en que se ejercitan en mantener una relación con lo que consideran la divinidad” [1].

En su arremetida contra la religión institucional y eclesial, apunta sus dardos contra lo meramente ritual, y contra lo que llamó “materialismo médico”.

Respecto a lo primero dice que el culto ritual se presenta como si se dirigiese “…a una deidad de carácter casi absurdamente infantil que disfruta con aderezos de guardarropías, cirios, oropeles, disfraces, susurros y mascaradas, y que encuentra su gloria incomprensiblemente realzada de esta manera” [2].

Insiste en distinguir entre la religión como función personal-individual, y la religión como producto institucional, colectivo o tribal. Los frutos de la religión -agrega- son propensos a la corrupción por exceso, como todos los productos humanos, y pone como ejemplo la devoción, que cuando se desequilibra produce el fanatismo. Incluso los santos pueden caer en todo tipo de “santos excesos”, como los llama, tales como mortificaciones desorbitadas, puritanismos, escrupulosidad, beatería, ascetismo extremo, o simplemente caer en una inhabilidad morbosa para encarar al mundo.

Veamos ahora su segunda crítica, sobre el “materialismo médico”. James rechaza la idea de atribuir la espiritualidad a estados patológicos, idea que mina la dimensión espiritual del ser humano. Y en especial rechaza la idea de explicar los momentos espirituales elevados como meras expresiones de la disposición orgánica del individuo. “El materialismo médico -dice- acaba con San Pablo cuando define su visión en el camino de Damasco como una lesión del cortex occipital, y a él como un epiléptico; con Santa Teresa como histérica, y con San Francisco de Asís como un degenerado congénito” [3]. Pero entonces, bajo la misma idea del materialismo médico (reduccionismo lo llamaríamos hoy en día) podría considerarse que el hígado es el determinante en las afirmaciones que hace un recalcitrante ateo, como dice James.

Defender la idea de que existe una causalidad orgánica para los estados de ánimo religiosos es ilógico y arbitrario si previamente no se ha establecido “una teoría psicofísica que entrelace los valores espirituales con los cambios fisiológicos”, dice James. [4]

Por último, y por tener relación con el ritualismo, destaco el siguiente mordaz comentario que hace James: dice que cuando el intelecto no es más grande que la cabeza de un alfiler, y propone ideas sobre Dios de similar insignificancia, el resultado es totalmente repulsivo[5], lo cual guarda relación con mis propios comentarios sobre la idea de Dios, que haré más adelante.

Echemos ahora un vistazo a las ideas de Malkin. En su libro “Ilusiones Peligrosas” el filósofo ruso Vitaly Malkin incurre, a juzgar por la prolija reseña hecha en la revista electrónica Tendencias 21 [6], en el mismo error de la mayoría de aquellos que repudian la religión: el de hacerlo a partir de una equivocada idea de Dios, lo cual ocurre cuando a la idea de Dios se la devalúa y contamina con no pocas aberraciones religiosas, personales o eclesiales.

Tan grave error lleva al autor a otro, monumental: el de creer que la religión es una quimera que no proviene de nuestra consciencia (posición totalmente opuesta a la de James), cuando la verdad es que la idea de Dios aletea desde siempre en el fondo de nuestras consciencias. Que se la haya expresado de muy diversas maneras, racionales según unos, e irracionales según otros, eso es harina de otro costal. Lo cierto es que partir de una idea equivocada de Dios también le lleva a afirmar, como lo hizo en una reciente entrevista, que “La felicidad religiosa es una ilusión que acarrea un disgusto profundo por la vida terrestre, por la vida humana de uno mismo y del mundo que le rodea”, concepto absolutista y distorsionado, toda vez que el disgusto profundo por el mundo deriva del mismo mundo, y no del sentimiento religioso en sí, personal y profundo.

Para Malkin las religiones son “quimeras” que nos envenenan el alma porque imponen un estilo de vida incompatible con el sentido común y la naturaleza humana. Claramente se advierte que su posición general respecto a las religiones es producto de su rechazo a las aberraciones, especialmente las dogmáticas, que observa en iglesias e instituciones. Del judaísmo dice que emplea la razón solo para la exégesis de la Revelación. Del cristianismo: que se basa en el desprecio a la vida, en la veneración de los muertos, y en la recompensa póstuma, así como en el rechazo a la razón debido su incapacidad para percibir el bien moral. Del islamismo dice: que para esta religión la razón es una noción subordinada a la Revelación a la que considera como lo único auténtico.

Para alcanzar una visión beatifica de Dios, las religiones restringen la sexualidad y rechazan todos los placeres humanos, cosa que no exigían las religiones paganas, agrega. Y por supuesto, rechaza el celibato clerical, la castración y la pederastia.

Hay varios otros pasajes en los que el autor destila desprecio, y lo peor, desapego a la verdad, con respecto a la religión en general, y en particular a la cristiana. Mencionaré algunos de estos pasajes a manera de ejemplos. Insiste en que el culto al sufrimiento que según el catolicismo contribuye al progreso, es la base del cristianismo, no el culto al amor, lo cual colisiona frontalmente con lo que muestra la vida de Cristo, quien, por el contrario, predicó el amor y con sus milagros removió el sufrimiento de muchos. Sostiene que Cristo se sabía Dios y “lo proclamaba con frecuencia”, lo cual carece absolutamente de fundamento en los evangelios. Y, en una línea de pensamiento claramente nietzscheana, postula que el cristianismo es una religión de débiles y para débiles.

Hasta aquí lo esencial de estos pensadores; ahora mis propias conclusiones. Con respecto a los filósofos mencionados anteriormente creo que la posición de James constituye un importante acercamiento a la verdad, no así la de Malkin. Sobra decir que las ideas sobre Dios y la religión de estos dos personajes son enteramente divergentes.

Estas divergencias, como tantas otras entre pensadores que se ocupan de estos temas, generan dudas en mucha gente. Y si a ello agregamos las aberraciones religiosas que devalúan la idea de Dios, tendremos un panorama de confusión y frustración; sería, como señalaba Carlo María Martini, obispo de Milán, una “degradación de la idea de Dios”[7]

Por eso es tan necesario esforzarnos por buscar la verdadera, la auténtica, idea de Dios, que está en alguna parte, a la espera que la percibamos con claridad y nitidez; una idea tan elevada que nos desborda; tan sublime que más parecería ser de ángeles que de humanos; una idea que resulta difícil aprehender, pero cuya percepción es requisito inescapable para quien busque la verdad y solo la verdad. Se trata de la idea de un Dios omnisciente que tiene un proyecto cósmico para los seres humanos, mismo que los seres humanos no lo podamos comprender, aunque tal vez sí intuir. En este punto tal vez convendría recordar a Plotino[8], quien según el filósofo Zeferino González [9] creía que “Dios es todo lo que existe y nada de lo que existe; que es la unidad absoluta, necesaria, inmutable e infinita; no es el ser ni la inteligencia; es superior a ambos. Es superior a todas las cosas, incluidas la esencia y la vida. Entraña en su fondo todas las esencias y todas las formas específicas, sin ser ninguna de ellas; es superior a toda determinación y forma; es el UNO”.

La idea de Dios, a la que tantas veces me he referido en este artículo, es consustancial a la consciencia humana; no se encasilla en organización religiosa alguna; no es de imágenes, liturgias, sahumerios, símbolos, costumbres, y demás parafernalia eclesial y popular, peor de dogmas humanos. Pero aclaro: esto no significa que rechace sin más los aspectos religiosos formales, toda vez que en no pocos casos son expresión de sincera fe; lo que rechazo es que la religiosidad y la idea de Dios se limiten a solo esos aspectos, o peor, que lo que se practique en la vida diaria sea incoherente con lo que esa idea implica.

Para mí es claro como el sol que el sentido de la vida, la trascendencia y el mal, adquieren una significación cósmica diferente, a la luz de una idea así; una idea muy distinta a aquella a la que nos conducen las aberraciones religiosas que centran su atención en asuntos mundanos y superficiales. Y por supuesto, muy distinta también a las ideas de individuos incapaces de otear más allá del mundo sensible.

Quienes rechazan la existencia de Dios suelen aplicar la estrategia del “todo vale”, esto es, la de echar mano de cualquier idea ramplona, o práctica descocada, que sirva para desacreditar la idea de su existencia, aunque ello signifique poner juntos en el mismo saco a las aberraciones religiosas y al sentido profundo de la religión. Richard Dawkins, probablemente el más conspicuo de los ateos actuales, parece seguir esa estrategia para rechazar la existencia de Dios[10]. No cabe citar aquí las numerosas e inteligentes críticas que hace sobre esas aberraciones, peor refutarlas, dado que casi siempre están bien fundamentadas, sino resaltar lo irracional e insatisfactorio que resulta que, en base a ellas, se niegue la existencia misma de Dios, considerándola como un mero espejismo, una delusion[11].

Por último quisiera resaltar que a la religión judeo-cristiana suele descalificársela por la forma como asimila el texto bíblico. Lo hace en base a otro notorio error: el de creer que hasta la última coma de él es de inspiración divina, error que se hace patente básicamente en el Antiguo Testamento. Pero rechazar esa religión por ese motivo, es otro gran error. No se puede caer en tan burdo radicalismo.

En resumen, me parece evidente la necesidad de ser conscientes de la verdadera idea de Dios, la cual es una necesidad existencial, y, en mi caso, evoca al Dios en el que yo creo.

[1] William James, “Las Variedades de la Experiencia Religiosa”, 1902

[2] Ibidem, Cap. El Valor de la Santidad.

[3] Ibidem, Cap. Religión y Neurología.

[4] ¿Lo ha hecho ya la ciencia moderna?

[5] Ibidem, Cap. El Valor de la Santidad, pág.168

[6] Reseña de Juan A. Martínez de la Fé en la sección “Tendencias de las Religiones”

[7] Umberto Eco/Carlo María Martini, ¿En qué creen los que no creen?, Editorial Planeta

[8] Filósofo neoplatónico griego (203 DC – 270 DC)

[9] Cardenal Zeferino González Díaz de Tuñón (1831 – 1894)

[10] Richard Dawkins, “El Espejismo de Dios”, Editorial Espasa-Calpe

[11] Término más peyorativo, en la versión en Inglés de su libro, que “espejismo” en Español.

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