LUCES Y SOMBRAS EN LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

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(Estos artículos se publican la primera semana de cada mes)

 

Luces y sombras en la Teología de la Liberación.

 

Artículo de febrero 2020

Categoría:    Religión

Frases clave: Teología de la liberación; opción preferente por los pobres.

 

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Antecedentes generales. La Teología de la Liberación (TL) es una corriente teológica iniciada en Latinoamérica a fines de los años sesenta, de la mano de sus pioneros, el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez y el pastor presbiteriano brasileño Rubem Alves, pero especialmente del primero, seguidos luego por varios otros representantes de esta corriente en Brasil, Chile, El Salvador y Colombia. Hoy poco se habla de ella, pero bien vale la pena recordarla con motivo de las revueltas callejeras que han convulsionado el año pasado, y en lo que va del presente, a varios países latinoamericanos.

Su idea fundamental es la opción preferente por los pobres, los marginados y los oprimidos. Después vendrían otras ideas complementarias, como la de que la salvación cristiana solo puede darse con la liberación ideológica, política, social y económica.

Luego de las ideas primigenias de Gutiérrez y Alves, el cuerpo ideológico de la TL se fue estructurando a través de las Conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano, en especial las de Medellín (1968 Colombia), Puebla (1979 México), Santo Domingo (1992, República Dominicana) y Aparecida (2007, Brasil).

Con el tiempo fueron surgiendo algunas variantes de esta teología, al punto que bien podrían considerarse como teologías diferentes a la original de Gutiérrez y Alves. Aparecieron interpretaciones y desviaciones que significaron que en el conjunto de estas teologías haya de todo. Ejemplos de estas variantes y desviaciones son las que se mencionan a continuación.

La teología del pueblo. Enfatiza en lo que debe entenderse por pobre. Para Gutiérrez, “pobre” es el oprimido que pertenece a una clase social que lucha contra otra que lo explota y lo oprime; concepción típicamente marxista. Esta y otras ideas fundacionales de Gutiérrez aparecen en su libro “Teología de la Liberación. Perspectivas” (1974), traducido a 20 idiomas. Posteriormente (2004) Gutiérrez escribió un artículo aclaratorio (“Koinonía Eclesial”), aceptado por la Congregación para la Doctrina de la Fe (órgano del Vaticano) en el que ya no aparecen sesgos marxistas. Destaca que al ser el hombre hijo de Dios, la iglesia se compromete a su liberación; ve en el bíblico lavado de pies un llamado a la fraternidad entre todos los seres humanos, y entiende que la iglesia debe comprometerse a fondo por el bien de todos, especialmente de los más pobres.

La teología feminista. Postula una opción preferencial por las mujeres pobres, así como por los jóvenes, a los que les atribuye legítimas inquietudes y poder social, aunque a veces son manipulados.

La opción por las élites, cuyo fin es la evangelización de éstas (Aparecida).

La teología indígena. Propugna la recuperación de la cultura religiosa milenaria de los pueblos originarios de América; y,

La teología guerrillera, que parece ser consecuencia de que algunos de los seguidores de la TL acogieran, como sus guías básicas, la idea marxista de la lucha de clases, así como la de que la violencia es la única forma de resolver las injusticias sociales.

Así pues, parecería que luego de haber adoptado la idea inicial de opcionalidad preferente por un grupo social específico -los pobres- la reflexión ulterior mostrara a los seguidores de esta teología la necesidad de no excluir a otros grupos que también ameritan ser objeto de opciones preferentes.

Lo positivo. Entendida en su más amplio y racional sentido, la opción preferente por lo pobres es sin duda justa y necesaria, y por lo tanto plausible. Los evangelios dan cuenta de la relevancia de esta opción, empezando por el hecho de que el propio Jesús de Nazaret fue pobre, y que luego de resucitado se trasladó a Galilea, tierra de pobres y marginados en aquel entonces. Sin embargo, en este punto cabría aclarar que la opción de Jesús por los pobres era principalmente teológico-conceptual, no instrumental (salvo por un fondo para los pobres que manejaba su grupo de seguidores), y por supuesto tampoco era violento ni excluyente.

Por otro lado, varios versículos específicos del Nuevo Testamento, especialmente de Lucas, muestran la opción preferente por los pobres. Ahí se habla de que, con ocasión de su visita a Isabel, María mostró que Dios estaba del lado de los humildes y los hambrientos, y no de los ricos[1]; que Jesús declaró haber sido consagrado por el espíritu de Dios para anunciar las buenas nuevas a los pobres[2]; que aconsejó a un fariseo en el sentido de que cuando dé un banquete invite a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos[3]; que utilizó cierta parábola para ilustrar la situación escatológica absolutamente favorable de un pobre de nombre Lázaro, en contraste con la de un elegante rico[4]. En Mateo también hay evidencias de la opción preferente por los pobres. Ahí, al referirse al juicio de las naciones, se muestra a Jesús identificándose con los pobres, al decir que todo lo que los hombres hubieren hecho en favor de las personas más humildes es como si se lo hubieran hecho a él mismo[5]. También en el Antiguo Testamento se advierte cierta consideración especial por los pobres, por ejemplo, cuando al recriminar a Joaquín, rey de Judá, por explotar a sus trabajadores, Dios le dice que, por el contrario, su padre “Defendía los derechos de pobres y oprimidos, y por eso le fue bien”. En fin, estos, entre otros ejemplos, muestran que el respaldo bíblico a la opción preferente por los pobres es innegable.

Los documentos finales de las conferencias episcopales latinoamericanas que se celebraron, muestran conceptos positivos básicos en el ámbito no estrictamente eclesial, que cabe destacar.

El documento de Medellín enfatiza en que hay que dar una “preferencia efectiva a los sectores más necesitados y a los segregados por cualquier causa” (aunque claro, esto de “cualquier causa” podría suscitar justificadas dudas).

El documento final de Puebla reconoce que el cambio en las estructuras sociales, políticas y económicas no será verdadero y pleno si no va acompañado por el cambio de mentalidad personal. Para alguien como el autor de este artículo, que da tanta importancia a la actitud individual en la solución de los problemas humanos, ese reconocimiento a la importancia de lo individual es absolutamente válido, y apunta al corazón mismo de la problemática social.

En el trabajo que se cita más adelante, el teólogo Juan Luis Segundo hace una diferenciación entre el pecado y sus consecuencias[6], en base a lo cual sostiene que lo religioso y lo secular no son opuestos. Por lo tanto, agrega, trabajar para remover las injusticias sociales generadas por el pecado es plausible y coherente con lo religioso. Resume su posición con el conocido aforismo “A Dios rogando y con el mazo dando”.  

El documento final de Aparecida destaca que: “El trabajo garantiza la dignidad y la libertad del hombre, (y) es probablemente la clave esencial de toda la cuestión social”[7]. Este concepto es particularmente importante porque en mi opinión la mejor manera de ayudar a los pobres es con la creación de oportunidades de empleo permanente y digno, y ciertamente la postura conceptual de Aparecida conlleva reconocer la importancia de las estructuras generadoras de empleo legítimo y productivo.  

El documento de Aparecida también hace un comentario perspicaz al decir que “La globalización hace emerger en nuestros pueblos (latinoamericanos) nuevos rostros de pobres”[8]. Es una declaración desafiante, que debería inducir a las instituciones y a la academia, a investigar a fondo qué impacto neto está teniendo la globalización en el empleo, a nivel planetario. En efecto, si bien la globalización crea nuevos empleos, no es menos cierto que también los destruye, y es absolutamente necesario estar claros respecto a cuál es el efecto neto, siempre a nivel mundial.

En fin, varios de los fundamentos conceptuales de la TL son evidentemente plausibles, y sería injusto pasarlos por alto.

Conceptos y textos conflictivos. Lo primero que salta a la vista en la TL es que introduce el concepto de liberación como instrumento explícito de la salvación de la que habla la Biblia. Ahora bien, la liberación de la que habla la Biblia es la del pecado en general, quienquiera que sea el que lo cometa: pobre o rico, blanco o negro, poderoso o vulnerable. En Mateo1:21 se lee que (Jesús) Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados”. Pero la liberación de la que habla la TL es una liberación ideológica, política, social y económica, liberación a la que considera como una teología en sí misma, siendo que, como se ve, los evangelios definen claramente un ámbito totalmente comprehensivo, totalmente abarcante -liberación del pecado- para la acción liberadora, cualquiera que sea el ámbito en el que se cometa el pecado, sin acotarla explícitamente a ámbito alguno como lo hace la TL. La idea de una liberación ideológica, política, social y económica revela un sesgo hacia un progresivo involucramiento eclesial (para bien o para mal, dependiendo de cómo se lo haga) en la solución de los problemas políticos, económicos y sociales.

La visión de la TL sobre la culpa difiere de la bíblica. Esta última asocia la culpa al pecado en general, venga de quien venga, en cambio, al sostener que los pobres son víctimas de los pecados de los otros, del pecado institucional, la TL denota una visión restringida respecto a la culpabilidad. La verdad es que las raíces más profundas del mal no radican apenas en las estructuras ideológicas, económicas, sociales y políticas, sino también, y básicamente, en las personas individualmente consideradas. Es que las actitudes individuales transmiten a las instituciones, y a la sociedad en general, lo positivo y lo negativo de los individuos. Pero claro, también es verdad que a menudo los pobres son víctimas de los pecados de la estructura institucional, pero esa circunstancia no debería implicar que los otros tengan la exclusividad de la culpa, como parece sostener la TL. Los pobres no están libres de caer en el pecado, y por lo tanto no es aceptable creer que son inmunes a él, o como dice el dicho popular: de creerse Niño Dios por ser pobre.

El documento final de Puebla dice que al hacerse hombre, el Hijo de Dios demostró la grandeza de su compromiso con los más necesitados, agregando luego que: “Por esta sola razón los pobres merecen una atención preferencial cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren”, texto cuya parte final es claramente conflictiva, y que se presta a más de una interpretación[9]. Más adelante[10] aclara, con toda razón, que la raíz de la injusticia se encuentra en el pecado personal y estructural, lo cual, sin embargo, genera alguna confusión por cuanto por otro lado la misma TL dice que hay que dar atención preferencial al individuo pobre cualquiera que sea su situación moral o personal. Ahí cabría preguntar cuál es el alcance de la opción preferencial: ¿incondicional?, ¿condicional?, ¿tolerante con la impunidad? Cuestiones que la TL no aclara.

Por cierto, también resulta conflictiva la posición de la TL al declararse opuesta tanto a las prácticas abortivas como a las anticonceptivas[11], poniendo así en un mismo saco a dos concepciones éticamente muy diferentes.

Desvíos y distorsiones. La Teología (en su acepción tradicional) tiene a Dios como objeto de sus reflexiones, no a las estructuras ideológicas e institucionales de los hombres, pero la TL tiende a mezclar las cosas. La opción preferente por lo pobres es correcta y deseable, pero no hay que perder de vista que, en el plano de lo divino, el interés de Jesús por lo pobres es parte de un interés mayor: la salvación de todos, pecadores y no pecadores, pobres y no pobres. La mezcla de lo mundano con lo divino lleva a la TL a adoptar militantemente conceptos humanos falibles. De ahí la influencia que ejercen sobre ella el pensamiento y las estructuras marxistas, como el materialismo histórico y la lucha de clases.

En “Christ the Liberator” (2001) Jon Sobrino[12] dice que la visión de Cristo parcializado con los pobres introduce a éstos y a las demás víctimas (víctimas “de los pecados de los otros”) en el ámbito teológico, no meramente del ético. Por eso el autor agrega: “Hoy tenemos que insistir en otro relacionamiento teológico, entre los pobres y Dios: ‘Dios ama a los pobres simplemente porque son pobres’ ”. Con una visión más comprehensiva podríamos decir que Dios ama a los seres humanos simplemente porque son su creación.

En ese mismo libro Sobrino dice que algunas personas se preguntan: ¿qué ha quedado del socialismo?, agregando a continuación: ¿qué ha quedado de la teología de la liberación? ¿qué ha quedado de la opción por los pobres?, para luego él mismo comentar: “Espero que no terminemos preguntándonos ¿qué ha quedado del Evangelio?”.

Me parece que el incluir al socialismo en tan mordaz comentario resulta revelador por el sesgo ideológico que ello implica. Es como si dijera que no hay que descartar el socialismo (pese a sus fracasos), pues es de valor permanente; que simplemente hay que darle más tiempo para que corrija sus errores. Respecto a esto de darle más tiempo al socialismo cabe traer a colación, por lo revelador, lo dicho por Roberto Oliveros SJ, quien luego de recordar la fe y la esperanza con la que los israelitas marcharon hacia tierra prometida, comenta que “La realización de un socialismo sin fallas no existe, y en el eón temporal (tiempo geológico de cientos de millones de años) no se dará en plenitud”[13]. (Así que, a esperar no más, con paciencia, los frutos que algún día rendirá el Socialismo del siglo XXI)

Los autores de la ya citada versión breve de Aparecida se lamentan de que el documento final de ésta no contenga ninguna crítica a la ideología neoliberal, a la que consideran como una ideología “idólatra”, que justifica el sistema de economía libre de mercado[14]. De esta manera los autores satanizan las economías de mercado, incursionando en un campo especializado del conocimiento humano como es la Teoría Económica, mezclando otra vez lo mundano con lo divino.

Así mismo, Juan Luis Segundo[15], citado por Cristian del Campo[16], destaca la especial compasión de Jesús por los pobres y olvidados, y que el reino de Dios llega y pasa a través de los pobres, y es a favor de ellos, luego de lo cual agrega que las exigencias del reino de Dios “no pueden ser captadas desde la perspectiva de los ricos, los privilegiados, los justos, o de las varias élites, precisamente porque la base de sus privilegios reside en factores que provocan la marginalización y opresión de otros que el reinado de Dios que viene busca abolir”. Desde luego esta también es una generalización simplista, de raíces claramente marxistas. Por su parte, Cristian del Campo también lamenta que la Doctrina Social de la Iglesia conlleve una despolitización de la TL[17].

Distorsión particularmente aberrante ha sido la de algunos sacerdotes católicos seguidores de la TL que optaron por la violencia: en Colombia, Camilo Torres Restrepo, miembro del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que fue muerto en combate, y Manuel Pérez Martínez, español, comandante del ELN, también muerto en ese país; en Nicaragua el sacerdote Gaspar García que optó por las armas y murió por ellas; en Perú la religiosa Nelly Evans que fue parte de Sendero Luminoso, y terminó en prisión. Lo grave de esta distorsión es no solo su praxis, sino también la ya mencionada idea, implícita, de que la violencia es la única forma de resolver las injusticias sociales.

Juan Luis Segundo destaca que cierta ambigüedad en pensamiento de Marx sobre la violencia da pie a creer que los conflictos derivados de la desigualdad social crecen, y llegan inevitablemente a una violencia que logra la superación de las injusticias que la provocaron[18], pero no queda clara cuál es su propia opinión, la de Segundo, sobre esta creencia.

Cabría recordar, a propósito de esta grave distorsión guerrillera, que en 1986 la Congregación para la Doctrina de la Fe, liderada por el entonces Cardenal Ratzinger, decía que “El profundo movimiento moderno de liberación resulta ambiguo porque ha sido contaminado por gravísimos errores sobre la condición del hombre y su libertad”.  

Conclusiones. No se puede negar la pertinencia y plausibilidad de la opción por los pobres que tiene la TL, la cual es claramente consistente con las enseñanzas de Jesucristo. Tampoco se le puede negar su derecho a hacer oír su voz respecto a la forma de implementar su opción.

El problema con la TL no radica en su opción preferencial por los pobres y oprimidos, ni en su empeño por solucionar su injusta situación. Ahí no está el problema. El problema está en que su propuesta de implementación está permeada por aberrantes ideologías y praxis políticas que distorsionan la opción, y que llaman más a la confrontación social que a la solidaridad ente los hombres. Si hoy la TL está venida a menos, como sostienen algunos, sería por culpa de los desvíos en los que han incurrido no pocos de sus propios seguidores.

En suma, la TL centra su atención en el cómo de la solución al problema de la pobreza, y solo superficialmente en el por qué, de ahí su atención hacia las ideologías y a las estructuras sociales, en tanto que la de Jesús es el segundo, de ahí que su atención se dirigiera hacia la liberación del pecado, causa de toda injusticia, de todo mal moral, quienquiera que lo cometiere, rico o pobre, poderoso o vulnerable.

———— o ————

[1] LC 1: 52 y 53

[2] LC 4: 18

[3] LC 14: 13

[4] LC 16: 19-31

[5] MT 25: 31-46

[6] Creo que una diferenciación entre actitud individual y sus consecuencias es más apropiada.

[7] Pág. 6 párrafo 120 de la versión breve y crítica del documento final de Aparecida, elaborada por el Departamento Ecuménico de Investigaciones de San José, Costa Rica. Las referencias a ese documento final, hechas en este artículo, se basan en la mencionada versión.

[8] Pág. 9 párrafo 402 del documento.

[9] Documento final de Puebla, pág. 152, párrafos 1141 y 1142

[10] Ibid. Párrafo 1258

[11] Documento de Puebla, párrafo 1.261

[12] Sacerdote y teólogo católico nacido en España (1938), radicado en El Salvador.

[13] Roberto Oliveros Maqueo SJ en “Liberación y Teología”, 1977, sección Críticas a la Teología de la Liberación desde Europa” (1c).

[14] Pág. 17 párrafo 9 de la Versión Breve y Crítica del Documento de Aparecida.

[15] Filósofo y teólogo jesuita uruguayo (1925-1996).

[16] Cristian del Campo, sacerdote jesuita (1970), en “Dios Opta por los Pobres. Reflexión Teológica a Partir de Aparecida)

[17] Cristian del Campo S. J., ibid.

[18] Pág. 15 del resumen de “Teología de la Liberación. Respuesta al Cardenal Ratzinger”, de Juan Luis Segundo, hecho por Cristianisme i Justicia, Barcelona, 1986. Web: J. L. Segundo acerca de la crítica negativa de la Teología de la Liberación.

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