MISTERIO DE LOS MISTERIOS

Mis dos más recientes artículos fueron dedicados a comentar el libro “Conocer a Dios” de Deepak Chopra (2001). Este nuevo artículo -tercero y último de esta breve serie relacionada con esa obra- se titula de la misma manera que el capítulo dos de la misma, y tiene por objeto profundizar en la temática tratada en ese libro, esto es, el misterio de la realidad, dado que contiene ideas de fondo sobre la espiritualidad, lo cuántico y lo virtual, que ameritan ser consideradas con detenimiento.

I

Chopra empieza diciendo que, cuando se la desarrolle, la Teoría del Todo (TDT)[1] “…explicará el principio del universo y el final de los tiempos, el primer y último aliento de la existencia cósmica”, y “todo será revelado, desde los quarks a los quásares” Pero aclara que la TDT será inútil, y hasta destructiva, salvo que se la pueda utilizar para mantener vivo lo sagrado. A continuación se pregunta si habría lugar para Dios en ese todo, luego de que éste ya hubiese sido explicado por la TDT, o si más bien terminaremos expulsando al Creador de su propia creación.

¿Cómo responde Chopra a su propia pregunta? Para hacerlo, parte de una visión de una realidad constituida por tres “capas”, a manera de sándwich, a las que también considera como “niveles del pensamiento divino”. Estos campos o niveles son:

Realidad material

Campo cuántico

Campo virtual

 Para este médico-filósofo el campo virtual es lo más importante, el fundamento de las demás capas de la realidad. Lo considera espiritual, con poderes infinitos de organización y creatividad. Allí, en el campo virtual, reside el poder de creación, no en el cuántico, dice. Resume su pensamiento afirmando que “El poder de la creación está más allá de la energía…con capacidad de convertir nubes gaseosas de polvo en estrellas e incluso en ADN”.

 El campo virtual, en el que se encuentra ese poder, es eso precisamente, virtual, es decir, no real. Por eso agrega que: “Cuando vamos más allá de toda energía no hay nada más que un vacío. La luz visible se convierte en luz virtual; el espacio real se convierte en espacio virtual; el tiempo real se convierte en tiempo virtual. En el proceso se desvanecen todas las propiedades. La luz ya no brilla. El espacio no cubre una distancia. El tiempo es eterno.”

 Como pocos, Chopra se atreve a reflexionar sobre lo que habría habido a antes del Big Bang, aplicando la idea de la virtualidad a ese remoto período. Dice que en él el espacio era infinito, y que el tiempo existía solo en forma de “eterna presencia”, sin acontecimientos, y por lo tanto no se necesitaba de pasado, presente o futuro. Pero luego precisa lo que parece ser la clave de su pensamiento metafísico. Dice que: “Este estado (anterior al Big Bang) era absolutamente vacío en un sentido (sentido sensorial) y lleno en otro (sentido espiritual), no conteniendo nada que nosotros pudiéramos percibir y, sin embargo ahí residía el potencial de todas las cosas”. (Los paréntesis son míos). Y agrega que, como el estado virtual no tiene límite de ninguna clase, es llamado adecuadamente el Todo.  

 No obstante la virtualidad de este campo, en él y solo en él, en el que “se almacenaba toda la energía antes de la creación”, podemos encontrar a Dios, sostiene. Y claro, dónde más se lo iba a encontrar sino en la espiritualidad, habida cuenta que Dios es entidad espiritual.

 Ahora bien, el término “virtual” que utiliza Chopra para designar el nivel más profundo de la realidad, es ambivalente, de modo que cada una de sus valencias (o “sentidos”: vacío y lleno) amerita ser considerada por separado. En efecto, y como lo acabo de señalar, el propio autor lo puso de relieve: es un campo vacío en sentido sensorial, y lleno en sentido espiritual. Y es esta última parte de lo “virtual”, la espiritual-divina, la que volitivamente ha creado las demás capas de la realidad. La esencia de la historia “…es que el espíritu actúa pasando del nivel virtual al cuántico, y de éste al material…”, dice el autor, y yo agrego que no es cualquier espiritualidad la que lo hace, sino el espíritu de Dios.

 Por todo lo dicho creo que una visión de la realidad, en términos de “capas”, quedaría mejor atendida si la imaginamos así:

 Nivel material

Nivel cuántico

Nivel divino

 Y todo ello reconociendo que, en últimas, la realidad es lo que

es, más allá de lo que supongamos que es.

 II

 Un aspecto fascinante del capítulo dos del libro es lo que podríamos llamar atisbos de lo sagrado, es decir, de lo que hay en el tercer nivel. En ese capítulo Chopra desarrolla un conjunto de ideas consistentes con el título “Misterio de Misterios” que le puso al capítulo.

 El poder creador del campo virtual, dice el filósofo, es sagrado y mítico (“mítico” en su acepción de extraordinario y maravilloso, deduzco) y no obstante su virtualidad está constantemente presente, como lo demuestran esos atisbos de la realidad profunda que son los milagros. Y entonces entra al tema de los milagros.

 Lo que todos los milagros tienen en común, agrega, es que ponen en comunicación a los niveles virtual, cuántico y material, siendo la fe la que abre las líneas de comunicación entre ellos, cosa que la mente no puede hacerlo simplemente pensando. Al relatar la curación milagrosa de un oficial del ejército italiano que sufría de cáncer óseo en estado de metástasis, Chopra explica lo que tal curación implicaba en términos de su modelo de “capas” de la realidad. Dice que: “…los tres niveles de la realidad estaban en comunicación”.

 ¿Y cómo así los tres niveles de la realidad se ponen en comunicación para producir un milagro? Por el poder creador del campo virtual; porque “el espíritu actúa pasando del nivel virtual al cuántico, y de éste, al material, que es lo que todos los milagros tienen en común”, es la respuesta contextual de Chopra. En otras palabras, digo yo, por el poder de Dios, pues Dios está en el campo que el autor denomina virtual.

 Pero ¿cómo encontrar a Dios en el campo virtual?, sería la pregunta subsiguiente. Entonces nuestro filósofo relata que cierto discípulo preguntó a su maestro: ¿cómo encontraré a Dios?, a lo que el maestro, un famoso gurú de la India, respondió: “Espacio y tiempo son como una red en la que estás atrapado, pero las redes tienen siempre agujeros. Debes encontrar uno de los agujeros y salir por él. Entonces Dios (te) será obvio”. Cierto, espacio y tiempo son los referentes básicos de nuestra sensibilidad, pero si queremos buscar explicaciones más profundas respecto al origen de todas las cosas, hemos de trascenderlos, escurriéndonos por los agujeros de la red, e internándonos en el campo de lo espiritual (o “virtual” en la terminología del filósofo).

                                                       III                                  

Lo espiritual estuvo siempre presente en el magisterio de Jesús. Lo estuvo en cada una de sus cuatro grandes visiones sobre la realidad y la vida: la existencia del Padre, el amor universal, la vida después de la muerte, y la fe. Con razón el historiador César Vidal considera que lo más impactante de la visión de Jesús es que “… estaba impregnada hasta la médula de una perspectiva espiritual”. En efecto, su magisterio se basa en la necesidad de transformar el interior del hombre, su yo profundo, lo cual implica poner su dimensión espiritual en un plano superior al de su materialidad.

A este respecto Chopra dice que todas las religiones contienen rutas de escape (los agujeros de la red del ejemplo) hacia un mundo virtual (espiritual) que está por detrás del mundo sensible. Interpreta el evangelio de Tomás diciendo que según su texto Jesús se habría propuesto desviar a sus discípulos de la regla de los cinco sentidos, “que están totalmente confinados al espacio-tiempo”. Para ello cita el Dicho 17, atribuido a Jesús, como todos los de ese evangelio: “Os daré lo que el ojo no ha visto y lo que la oreja no ha oído y lo que no ha sido tocado y lo que nunca se le había ocurrido a la mente humana”. Por cierto, ese sesgo hacia lo espiritual también existe en el Nuevo Testamento, por ejemplo en 1Corintios 2:9 que es prácticamente igual al Dicho 17.

 En líneas anteriores mencioné que yo prefiero llamar “nivel divino” al tercer nivel de la realidad, al que Chopra denomina “campo virtual”. Lo hice principalmente porque pienso que lo que crea los otros dos niveles no es algo meramente virtual, es decir, que no tiene existencia real, sino algo que es real-espiritual: Dios.

 Al final del capítulo dos, el filósofo hace una suerte de resumen de lo que es su entendimiento de los tres niveles de la realidad. Salvo lo que dice respecto al nivel material, lo que dice sobre los otros dos aumentan mi disenso lingüístico, per solo en cierta medida, conceptual. Para el autor el campo virtual es el campo del espíritu, y el cuántico el campo de la mente. Pero yo me pregunto: ¿el espíritu de quién?, ¿la mente de quién? Preguntas obligadas a las que nos orilla la terminología utilizada por el filósofo, en cambio, al identificar el tercer nivel con Dios, desaparecen estos interrogantes. Desaparece el absurdo de que la mera existencia (¿la existencia de qué o de quién?) sea la causa de todas las cosas. Desaparece el misterio y queda nítida la existencia de Dios, creador de todas las cosas. El único misterio que queda, insondable, es la esencia de Dios, pero querer conocerla seria como si un pequeño animal nocturno quisiera entender el misterio de las estrellas que ve parpadear allá arriba en el firmamento.  

IV

Entonces, y para concluir, ¿cómo responde Chopra a su propia pregunta de si habrá lugar para Dios en el todo cósmico, o si terminaremos expulsando al Creador de su propia creación cuando se desarrolle la teoría del todo? Por supuesto que, más allá de la terminología que utiliza, lo hace en sentido afirmativo, esto es, que sí habrá lugar para Dios, toda vez que reconoce como espiritual al campo primordial que él llama “virtual”, con poderes infinitos de organización y creatividad, eterno, inconmensurable e inmortal, reconociendo expresamente que en ese campo podemos encontrar a Dios.

———— o ————

[1] Eventual teoría unificadora capaz de explicar todos los fenómenos físicos conocidos, y con ello las interacciones básicas de la naturaleza (gravitación, fuerza nuclear fuerte, fuerza nuclear débil y electromagnetismo).

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