ROMANOS 11

(Artículos mensuales de reproducción total o parcial gratuita citando a su autor).

Artículo de febrero de 2021

Frase objetivo y palabras clave: “Dios tiene compasión de quién él quiere tenerla y también le endurece el corazón a quien él quiere endurecérselo”; Romanos 11; apóstol Pablo .

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En el capítulo 11 de su carta a los romanos Pablo profundiza en el concepto de “endurecimiento del corazón” de una manera extraña y sorprendente.

 1. Antecedentes.

 

En su carta a los romanos el apóstol Pablo dice que “Dios tiene compasión de quién él quiere tenerla y también le endurece el corazón a quien él quiere endurecérselo” [1]. La segunda parte es lo que más llama la atención, y es materia de este artículo.

No se requiere mucha perspicacia para entender que un hombre de corazón endurecido es un ser sumido en el pecado, alejado de Dios. Tampoco se la requiere para entender que de lo dicho por Pablo se desprende que esa lamentable condición puede darse no solo como resultado de la propia culpa del hombre sino también de que Dios haya querido endurecerle el corazón.

La idea de que el endurecimiento del corazón -que al sumir al hombre en el pecado lo aleja del bien- sea dispuesto por Dios mismo, ya aparece, directa o indirectamente, en otros textos bíblicos, por ejemplo, en los que se mencionan a continuación.

En el caso del faraón, fue el endurecimiento de su corazón lo que llevó a negarse tercamente a dejar salir a los israelitas de Egipto. Del texto bíblico se desprende que esa terquedad se debió -al menos en algunos casos- a que Dios mismo hizo que se volviera terco. Antes de la primera plaga, la del agua convertida en sangre, Dios le dijo a Moisés “… voy a hacer que él se ponga terco” [1]. Luego, en la plaga de las úlceras o llagas: “…el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no les hiciera caso a Moisés y Aarón[2]. Antes de la 8ª plaga, la de las langostas, también le dijo a Moisés “…yo he hecho que él (el faraón) y sus funcionarios se pongan tercos…” [3] Así mismo, luego de la plaga de la oscuridad, Moisés dice que “… el Señor hizo que el faraón se pusiera terco y que no los dejara ir”[4]

Posteriormente el evangelista Juan[5] registra que Jesús dijo: “Nadie puede venir a mi si no lo trae el Padre”, concepto que lo reitera cuando agrega que “… nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede” [6]. Aquí ya no se trata de corazones endurecidos sino de otra cosa distinta pero que tiene relación con la anterior.

Más adelante el mismo evangelista cita a Isaías: “Dios les ha cerrado los ojos y ha entorpecido su mente, para que no puedan ver ni puedan entender, para que no se vuelvan a mí, y yo no los sane”[7].

Lucas también toca el tema. Registra que luego de narrar la parábola del sembrador, Jesús dijo que a ciertos hombres Dios no les daba a conocer directamente (sino por parábolas) los secretos de su reino “…para que por más que miren no vean, y por más que oigan no entiendan” [8].

En definitiva, estos ejemplos muestran cómo en ciertas ocasiones esas conductas fueron determinadas no solo por decisión de los humanos sino principalmente por la voluntad de Dios mismo. Entonces surgen inevitables preguntas relacionadas con la razón y la coherencia. Por ejemplo: si en algunos casos la terquedad del faraón fue producto de la voluntad de Dios, ¿por qué castigó tan duramente al pueblo egipcio, que además no tenía arte ni parte en la decisión del faraón, la de no dejarlos salir? Duros castigos que incluyeron hasta la muerte de los primogénitos. Y en cuanto a lo declarado por Jesucristo, ¿por qué no podemos acceder a él libremente, sino solo cuando Dios nos lo permite, lo cual implicaría que aunque queramos acceder, entender y asimilar sus enseñanzas no podamos hacerlo si Dios no nos lo permite? ¿Aclara la Biblia este punto? Parecería que no.

También surgen preguntas relacionadas con la responsabilidad individual. Otra vez el caso del faraón: si en ciertos casos su malsana conducta se debió a que Dios endureció su corazón, volviéndolo terco, la pregunta complementaria que habría que hacer es esta: ¿tuvo el faraón responsabilidad de sus actos?

  1. Romanos 11.

Ahora bien, en el capítulo 11 de su carta a los romanos Pablo profundiza en el concepto del endurecimiento del corazón de una manera extraña y sorprendente. En efecto, de lo dicho por él se infiere que los que fueron endurecidos por Dios, es decir, aquellos a quienes “Dios los hizo espiritualmente insensibles”, dándoles “ojos que no ven y oídos que no oyen” [9], fueron tratados así por una razón superior. ¿Cuál era esa razón superior?. Era, según Pablo, para que los otros, los que no fueron insensibilizados ni endurecidos, puedan alcanzar la salvación[10]. Así pues -continúa Pablo- el tropiezo y el fracaso de unos ha servido “…para enriquecer al mundo…”[11]

¿Pero de qué manera la insensibilidad espiritual, el endurecimiento del, corazón, la inmersión en el pecado, en fin, el apartarse del espíritu santo, dispuestos por Dios mismo, puede determinar, o al menos contribuir a, que los demás, los no endurecidos, sean salvos, y a que el mundo se enriquezca? En este punto es donde la doctrina de Pablo se muestra particularmente extraña y sorprendente.

Pablo explica que los que fueron insensibilizados y endurecidos por Dios fueron los judíos, a fin de “darles oportunidades” a los otros, a los miembros de la comunidad cristiana[12].¿En qué consistían estas oportunidades? En que al ver la desobediencia de los judíos, que no tenían fe, los cristianos, que sí la tenían, tuvieran la oportunidad de ponerse “celosos”[13] (cosa que yo entiendo como: empoderar su dedicación a la causa de Cristo). Esto es lo que puedo entender de la doctrina paulina sobre este asunto; no se me ocurre alguna otra explicación.

Unos 1400 años antes de Cristo se produjo una situación que, aunque en circunstancias diferentes, encajaba muy bien en la lógica de Pablo: ciertos habitantes de Canaan,-de Jericó concretamente- empezaron a temer a Dios cuando se enteraron de lo que Él había hecho en Egipto[14]. Claro que en este caso los beneficiados de los sucesos de Egipto no eran creyentes en Dios, como sí lo eran los israelitas no judíos, pero se beneficiaron al acceder a una fe nueva, la fe verdadera. Quizás por ahí esté la explicación.  

  1. Interpretaciones y conclusiones.

Es claro que hay dos casos diferentes en los que la voluntad de Dios determinó (primer caso, circunstancial) o determina (segundo caso, permanente) las conductas de los hombres, no el libre albedrío de éstos. El primero, en que Él determina el endurecimiento del corazón y la insensibilidad espiritual en circunstancias especiales como fue el caso del faraón. El segundo, ya no circunstancial sino aplicable a cualquier persona en cualquier tiempo y lugar: “… nadie puede venir a mi, si el Padre no se lo concede”. En ambos caos, empero, lo sorprendente y extraño es que Dios intervenga en, y determine las, conductas de los hombres, directamente, formándolas completamente, sin parar mientes en el libre albedrío con el que los creó.

¿Qué conclusiones se puede extraer de todo lo dicho? No me siento capaz de dar una explicación que aclare las cosas. En otros temas bíblicos, igualmente sorprendentes y escabrosos, he sostenido que lo dicho en la Biblia respecto a esos otros temas probablemente no fue de inspiración divina, posición que la generalicé y resumí diciendo que la Biblia no es la palabra de Dios, pero que la contiene [15].

El tema tratado en este artículo es diferente, y honestamente no tengo explicación alguna que aclare el tema abordado en Romanos 11. Tampoco puedo decir que las palabras del apóstol Pablo no fueron inspiradas por Dios. Solo me queda adherir a lo dicho por el propio apóstol, quien en clara referencia a la omnisciencia de Dios dijo que “Nadie puede explicar sus decisiones, ni llegar a comprender sus caminos” [16]. Eso dijo Pablo, más allá de que en realidad sí intentó explicar las cosas mediante su doctrina de la razón superior mencionada en la sección 2 de este artículo. De mi parte no puedo agregar nada más para el esclarecimiento del tema.

[1] Exodo 4:21

[2] Exodo 9:12

[3] Exodo 10:1

[4] Exodo 10:27

[5] Juan 6:44

[6] Juan 6:65

[7] Juan 12:40

[8] Lucas 8:10v

[9] Romanos 11:8

[10] Romanos 11:11

[11] Romanos 11:12

[12] Los judíos eran considerados enemigos de Dios en aquellos tiempos (Romanos 11:28)

[13] Romanos 11:11

[14] Josué 2:8-11

[15] Artículo “La Biblia es la palabra de Dios?, de abril 2019

[16] Romanos 11:33

[1] Romanos 9:18

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