SECUENCIAS DEL TIEMPO GEOLÓGICO.

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Artículo de enero 2019

 

SECUENCIAS DEL TIEMPO GEOLÓGICO

El primer capítulo del Génesis, libro escrito por Moisés unos 1.500 años antes de Cristo, conlleva ciertas secuencias de los primeros eventos geológicos por los que pasó nuestro planeta. Las secuencias se ponen de manifiesto en el conjunto de los seis días bíblicos de la creación, término alegórico que, por supuesto, no cabe interpretarlo como períodos de 24 horas cada uno. Lo que voy a considerar en este artículo no es la duración sino las secuencias con las que, conforme al relato bíblico, tuvieron lugar tales “días”, toda vez que el Génesis no dice nada respecto a su real duración. Y ya puestos en esa perspectiva, resulta muy significativo que al considerar las secuencias no se detecta incoherencia alguna entre lo dicho por Génesis y las teorías científicas sobre los tiempos geológicos, lo cual nos obliga a preguntarnos cómo fue posible que Moisés haya intuido secuencias que hoy esas teorías las consideran reales. ¿Pura coincidencia entre la imaginación del escritor y la realidad, o hubo algo más? De esto es de lo que trata el presente artículo. Como primer paso para abordar tan interesante temática, a continuación presento un resumen de los días relatados por Génesis, con algunos comentarios preliminares míos (en cursiva).

Primer día. Todo en la Tierra era agua y oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. El astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1934-1996) sostiene que al principio todo era oscuridad: “En todas partes había una oscuridad profunda e impenetrable, átomos de hidrógeno en el vacío” (“Cosmos” p.337). Así, el “fiat lux” (“hágase la luz”) bíblico implica una primera secuencia oscuridad-luz, que tiene sentido y coincide con la opinión del astrónomo; no tendría sentido si en lugar del “hágase la luz” el texto bíblico hubiese dicho que la luz había existido desde siempre.

Y se hizo la luz; y empezó a haber días y noches. Esto último implica que la Tierra empezó a girar sobre su eje produciéndose así la alternancia oscuridad-luz. Ahora bien, por lo que más adelante destaco sobre lo que la Biblia dice respecto a cierta “expansión”, debe entenderse que la luz del primer día era una luz difusa, una penumbra, no una luz clara y distinta, debido a que la separación (o “expansión” según otras traducciones bíblicas) entre el agua líquida de abajo y la gaseosa del cielo, de la que se habla en el segundo día, no se había producido todavía. Por lo tanto, antes de la separación de las aguas, las gaseosas habrían constituido una densa nubosidad en contacto con la superficie acuosa, que solo habría permitido que haya penumbra, no luz clara y distinta [1].

Por otra parte, cabe suponer que la presencia de la luz clara y distinta calentó la superficie terrestre, toda vez que hasta entonces ésta última se encontraba en contacto con aquella densa nubosidad que impedía el paso de la luz y el calor solar. Ello es coherente con lo señalado también por Sagan, cuando dice que la luz solar “calentó la Tierra primigenia” (“Cosmos”, p. 337)  

Segundo día. Se produce la separación entre el agua gaseosa de arriba y la líquida de abajo; eso habría permitido que la luz, que hasta entonces un observador la habría percibido apenas como una penumbra, luego la percibiese de manera cada vez más clara y nítida. Dios llamó “cielo” a ese espacio de separación.

Tercer día. Del mar emerge “lo seco” (la tierra firme). La previa presencia de grandes masas de agua se desprende con claridad de “Cosmos”, cuando Sagan dice que: “La Tierra, después de coagularse y calentarse, liberó los gases de metano, amoniaco, agua e hidrógeno, que habían quedado encerrados en su interior, y formó la atmósfera primitiva y los primero océanos” (p. 337). Esta presencia previa del agua, a su vez, es parte de la secuencia bíblica de: primero agua después la masa de tierra que emergió de ella.

En este tercer día aparecen dos grupos de vegetales: hierbas que dan semilla y árboles que dan frutos, según sus géneros. Esto es entendible debido a que la luz, que para entonces ya se había hecho clara y distinta debido a la separación de aguas, permitiría la fotosíntesis. La Biblia no dice nada sobre microorganismos vegetales, lo cual también es lógico si se tiene en cuenta el grado de conocimiento y entendimiento que podrían haber tenido los primeros lectores del Génesis.

Se podría entender en sentido amplio estos dos grupos de vegetales, de modo que por “hierba” se entienda vegetación relativamente sencilla que se reproduce por semilla; y, por “árboles que den frutos”, todos los árboles, cualquiera que fuera su forma de reproducción, pues todos producen algo de utilidad para los seres humanos y/o animales.

Cuarto día. Dios hizo dos luces o lumbreras, una para alumbrar el día y otra la noche, y para señalar los días y los años, así como las fechas especiales. Es significativo que Génesis, pese a usar el verbo “hacer”, no usara las palabras “sol” y “luna” para designar estos objetos cósmicos, sino “luces” o “lumbreras”. Y como Dios también hizo las estrellas, parece lógico interpretar que a lo que el escritor del Génesis se refería con el verbo “hacer”, es hacer que la luz de las estrellas, así como la del sol y de la luna se pudiese percibir claramente, toda vez que por entonces ya se había producido la separación entre las aguas de arriba y las de abajo; no que el sol y la luna hayan sido creados en ese momento, pues ello habría significado que la Tierra fuese más antigua que el sol y las estrellas.

Entonces, los términos “luces” o “lumbreras” no se referirían al sol, la luna y las estrellas en cuanto a astros-fuentes de luz, sino a su luz solamente[2]. Cuando se los interpreta como astros-fuentes de luz se cae en la confusión, como le ocurrió a Sagan quien a través de un personaje de ficción suyo dijo que: “No entendía cómo podía haber habido luz días antes de la creación del sol…” [3]

Quinto día. Dios crea toda clase de animales acuáticos y volátiles. Todo esto “según sus géneros”. Con la mención de “toda clase de animales acuáticos” debería entenderse no solo peces sino también los seres microscópicos, así como los grandes peces (los “monstruos del mar” mencionados por Moisés).

Sexto día. Dios crea toda clase de animales terrestres, “domésticos y salvajes y los que se arrastran por el suelo”, según sus géneros. Los domésticos podrían entenderse como “domesticables”, toda vez que su domesticador, el ser humano, no existía todavía. Después crea al ser humano, “a nuestra imagen”, hombre y mujer, para que llenen el mundo y prevalezcan sobre toda clase de animales y plantas. La palabra “nuestra” ha suscitado interminables debates respecto a una posible identidad trinitaria de Dios. Sin embargo, esa expresión también podría haber sido usada solo como una forma de expresión del escritor del Génesis, sin implicación ontológica alguna; en todo caso el objetivo de este artículo no es tratar el tema de la supuesta identidad trinitaria de Dios.

Ahora bien, una vez expuesto este resumen de los días de la creación bíblica, cabe ahora, como segundo paso en el abordaje de la temática de este artículo, que nos preguntemos si las secuencias que ellos conllevan guardan o no coherencia con otras explicaciones científicas, diferentes a las de Sagan, y siempre relativas a los primeros tiempos geológicos.

La Comisión Internacional de Estratigrafía, CIE (un subcomité científico de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas) elaboró una escala del tiempo geológico dividida en eones, eras, períodos y épocas. A los efectos de comparación con el libro del Génesis, me permito destacar a continuación la secuencia de eventos básicos que se desprenden de las primeras épocas de la Tierra según las presenta la CIE (y otra vez, con mis comentarios en cursiva), para después de todo eso intentar una conclusión.

Primero. La Tierra, el mayor de los planetas rocosos del sistema solar, se forma hace aproximadamente 4.600 millones de años.

Segundo. Hace unos 3.600 millones de años emerge un super continente. (Era: Eoarcaica). Por cierto, esto supone la existencia previa de grandes masas de agua de las cuales emerge, de modo que la secuencia: primero lo líquido después lo seco, que se desprende del Génesis es coherente con las teorías de los tiempos geológicos que conlleva la clasificación de la CIE. Esta coherencia es independiente de que el origen del agua haya sido extra planetario (cuerpos celestes portadores de agua colisionando con la Tierra, como algunos sostienen), o de procesos ocurridos en el propio planeta (Sagan). Lo cierto es que “lo seco” apareció después de haberlo hecho las grandes masas de agua.  

Tercero. Empieza la fotosíntesis.(Era: Paleoarcaica). Esto supone la existencia previa de plantas, así como de los elementos que hacen posible ese proceso: luz solar, agua y dióxido de carbono. Según Génesis, las plantas, y por ende la fotosíntesis, aparecen después de las aguas (y su separación entre líquidas y gaseosas), de la luz solar, y de la emergencia de “lo seco”. También hay coherencia.

Cuarto. Primeros peces y proliferación súbita de otros seres vivos durante el período Cámbrico, todo lo cual tiene lugar después del agua, la emergencia del supercontinente, la luz solar, el dióxido de carbono, las plantas y la fotosíntesis. El período Cámbrico (primer período de la era Paleozoica) empieza hace unos 541 millones de años y dura solo unos 56 millones[4], apenas un respingo en comparación con los 4.600 millones de años que según las teorías científicas tiene la Tierra. El Cámbrico fue un estallido de vida sin precedentes[5], en el cual también hubo masivas extinciones de especies.

¿Por qué ocurrió esa explosión de vida? La explicación podría ser: porque hacia el fin del período precámbrico se produjo una extraordinaria proliferación de vida vegetal no vascular en todo el planeta, y fue esto precisamente lo que detonó la explosión de vida del Cámbrico[6].

¿Coherencia de todo esto con el Génesis? La hay, sin duda. Consideremos lo siguiente: a) La aparición de los dos grupos de vegetales de los que habla el Génesis -hierbas que dan semilla y árboles que dan frutos- tiene lugar el tercer día, esto es, precede a la vida animal que aparece en el quinto día: coherencia bíblica con las teorías científicas. b) Lo que relata Génesis respecto al quinto día es un acto de creación de seres del reino animal –según sus géneros- lo que conlleva un cierto lapso después de la aparición de los vegetales. Por su parte, la explosión de vida animal en el Cámbrico, ocurre en un lapso de tiempo que, como destaqué, es de una magnitud temporal diminuta en comparación con los 4.600 millones de años de vida del planeta. Coherencia del relato bíblico de creación con la teoría científica, o, si se quiere verlo de otro modo, ausencia de contradicción.

Quinto. Existe cierta secuencia al interior del reino vegetal, que va de la sencillez a la complejidad: primero vegetales no vasculares, después vegetales vasculares. Los vegetales no vasculares carecen de vasos internos para la conducción de agua y nutrientes; los hay acuáticos como las algas, y terrestres como los musgos. En cambio, los vasculares sí tienen esos vasos en sus raíces, tallos y hojas. Todo eso da lugar a otra secuencia que también va de lo sencillo a lo complejo: primero plantas relativamente sencillas (hace 443 millones de años), después grandes árboles (hace 358 millones: período Misisípico). Ahora bien, aunque Génesis no habla explícitamente de una secuencia vegetal sencillez-complejidad, tampoco es incoherente con la que nos presenta la escala de la CIE; en efecto, Génesis habla del surgimiento primero de “hierbas” (que podrían ser las algas y los musgos), y después de árboles que dan frutos.

Sexto. Aparecen los australopitecos (primates humanoides). (Época: Plisceno). Total coherencia de Génesis con la secuencia vegetal-animal. En efecto, según el libro bíblico los animales acuáticos y volátiles son creados el quinto y sexto día, respectivamente, cuando ya estaba servida la mesa con frutas y otros vegetales para los primeros seres del reino animal.

 

La conclusión de todo lo anterior es que hay una clara coherencia entre las secuencias geológicas contenidas en el libro de Génesis y las que exponen los científicos que investigan los tiempos geológicos. Todo ello induce a plantear ciertas preguntas. ¿Cómo pudo Moisés haber imaginado todas estas secuencias? ¿Por puro sentido común? Claro que hay espacios para el sentido común (por ejemplo en la secuencia primero lo vegetal después lo animal) pero no para todo, sobre todo, no para lo más básico: ¿pudo haber sido puro sentido común el que un individuo que vivió hace 3.500 años, Moisés, imaginase que al principio no existía la tierra firme sobre la que estaba parado, sino que todo era solo agua? ¿Y si fue solo sentido común, no habría sido más razonable que se imaginase lo contrario? ¿Pudo haber sido puro sentido común imaginarse que al principio todo era oscuridad y no la alternancia luz-oscuridad bajo la cual transcurría su propia vida y la de los demás seres vivientes de su época?

En mi opinión, las coherencias que se advierten entre las secuencias que presenta el Génesis y las que ofrecen las teorías sobre los primeros tiempos geológicos bien pudo haber sido fruto de alguna iluminación sobrenatural que guio al escritor del Génesis, lo cual, a su vez, es plenamente coherente con la idea de la existencia de un Creador.

[1] Revista “La Atalaya” (Testigos de Jehová)

[2] Ibidem

[3] Carl Sagan, “Contacto”, capítulo 2, “Luz coherente”

[4] Antes se creía que su duración del cámbrico fue de unos 70 millones de años.

[5] National Geografic, “Período Cámbrico”, setiembre/2010

[6] Trabajo de investigación dirigido por el geólogo Paul Nauth de la Universidad Estatal de Arizona, Scitech News.

PD.

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