Un cierto despertar de la consciencia

un cierto despertar de la consciencia

En dos recientes oportunidades doña Luisa Ortega, abogada chavista que funge como Fiscal General de Venezuela, se opuso a dos inconstitucionales e ilegales decisiones del chavismo: la de que el Tribunal Supremo de Justicia asuma funciones legislativas que son privativas de la Asamblea Nacional (marzo 31), y la decisión de Nicolás Maduro de convocar a una constituyente amañada (mayo 4). La suya fue una actitud de rechazo a dos grotescas artimañas de sus coidearios chavistas. Con este rechazo la Fiscal General hace prevalecer principios éticos y jurídicos sobre militancias políticas. A este respecto cabría recordar casos históricos en los que parece producirse un cierto despertar de la consciencia cuando algún proyecto de dominación pretende avasallar a las personas.

Un extraño caso de este despertar tuvo lugar en la Alemania Nazi, en medio del horror del Holocausto. Oskar Schindler era un empresario alemán, miembro del partido nazi. Su conducta personal no era la más recomendable que digamos: era mujeriego, bebedor, arribista y hedonista. Gracias a sus contactos con la inteligencia militar nazi, para la cual espiaba, pudo salvar de los campos de concentración a los trabajadores judíos de sus fábricas, pero, se dice, su motivación inicial para hacer esto era exclusivamente económica, habida cuenta de los bajos salarios que pagaba a los trabajadores judíos. ¿Era concebible que en este hombre pudiera llegar a tener lugar ese despertar de la consciencia? Difícil de creerlo, pero eso empezó a ocurrir en el momento que inició la contratación de trabajadores judíos que sus fábricas no necesitaban. En ese momento su motivación ya no era económica; era humanista, y surgió del horror que le causaba presenciar de primera mano la crueldad sin nombre con la que sus compatriotas alemanes trataban a los judíos. Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, se valió de toda clase de sobornos a los oficiales nazis para evitar que sus trabajadores fuesen enviados a los campos de concentración, gastándose en ello toda su fortuna, y sobre todo, poniendo en riesgo su propia vida. De esa manera salvó la vida a 1300 judíos, episodio que fue recogido en la conocida película “La Lista de Schindler”. ¿Cómo así ocurrió ese cambio? Un desgarrador grito de su consciencia debe haber irrumpido en lo más profundo de su ser al presenciar tanto horror. La vida se le puso difícil a Schindler en el período de posguerra, pero la gratitud de aquellos a los que salvó lo reconfortó hasta su muerte en 1974.

Otros casos similares al de Schindler también se dieron durante la segunda guerra mundial. Uno de ellos fue el de Chiune Sugihara, cónsul del Japón en Lituania, que ayudó a miles de judíos a viajar al Japón otorgándoles visados de tránsito, permitiéndoles así escapar del horror nazi. Esta acción le costó su carrera diplomática, toda vez que Japón era aliado de Hitler, y además puso en riesgo la seguridad de su familia. Paulo Coelho narra que el actual Estado judío agradeció la valentía del “Schindler japonés” plantando un bosque de cedros, árbol de connotaciones sagradas, descubriendo en esa ocasión que “sugihara” en japonés significa precisamente “bosque de cedros.” Aquella actitud de Sugihara se puede atribuir al despertar de la consciencia, aún en contra de la política del gobierno al que se pertenecía.

Otro caso fue el de Arístides Souza Mendes, cónsul de Portugal en Burdeos durante la ocupación de Francia por los alemanes. Al igual que Sugihara, ayudó a decenas de miles de judíos y otros refugiados, otorgándoles visados para entrar a Portugal, país neutral en la guerra, para que desde allí pudiesen viajar a otros lugares, y todo eso pese a la prohibición expresa de su gobierno de otorgar las visas. Pagó caro su rebeldía. Perdió su carrera diplomática y su licencia de abogado. Terminó su vida sumido en la miseria.

Entonces, y volviendo al caso de doña Luisa Ortega: ¿un genuino despertar de su consciencia ante una dictadura atroz que hace escarnio de los derechos humanos y del estado de derecho? Así parece, y en todo caso, bienvenidos sean esos despertares de la consciencia que se hacen presentes contra viento y marea.

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