Creer y conocer son cosas diferentes. El creer se fundamenta en indicios y en fe. Por ejemplo, la creencia de que solo una mente infinita pudo haber creado el universo. Desde luego no toda creencia es razonable, por ejemplo, no es razonable que en pleno siglo XXI haya quienes crean que la tierra es plana.
En cambio, el conocer es tener conocimiento claro y comprobable de la consistencia de las cosas, esto es, de en qué consisten las cosas, en base a evidencias.
Yo creo que Dios existe, pero conocer su consistencia es algo que no está al alcance de mi entendimiento, solo puedo tener ideas generales acerca de su consistencia, por ejemplo, la de que es de naturaleza espiritual y que es omnisciente. Pero en todo caso tengo la absoluta certeza de que Dios “es lo que es” conforme a la revelación a Moisés en el desierto (Éxodo 3:14).
En fin, el creer busca acercarse a Dios aunque no pueda llegar a conocer su consistencia; el conocer, en cambio, procura conocer a Dios aunque no está al alcance del entendimiento humano llegar a conocerlo en su plenitud, en su mismidad, es decir, en lo que es en sí mismo.
Ahora bien, creer y conocer no son necesariamente cosas contrapuestas. Lo son solo cuando el creer colisiona con la realidad, como en el ya mencionado caso de la creencia de que la tierra es plana. Por el contrario, el creer y el conocer pueden complementarse. El creer puede conducir al conocimiento, como cuando las hipótesis son confirmadas por la experimentación física. Y también hay complementación en el otro caso, cuando impresionado por las maravillas de la naturaleza un científico cree que solo Dios pudo haberla traído a la existencia.
Llegados a este punto podríamos preguntarnos a qué vienen todas estas consideraciones sobre el creer y el saber. Vienen porque es inevitable que en algún momento de nuestras vidas nos vemos abocados a plantearnos estas cuestones, y porque las respuestas que les demos nos ayudarán a entender el sentido de la vida, en especial de la vida extensa esto es,de la vida física que conocemos más la que se vislumbra que hay después de la primera.
En el magisterio de Jesús hay conocimiento por una parte, y creencia-fe por otra. Conocimiento como consecuencia por su relación directa con el Padre, y creencia- fe por las enseñanzas, pletóricas de espiritualidad, que comunica a quienes le oyen.
En resumen, aunque no conozcamos a Dios en su mismidad, la creencia y la fe en Dios es suficiente para seguir avanzando por la vida extensa. Tal vez es por eso que las enseñanzas Jesús no se enfocan en mostrar la consistencia de Dios, sino en la creencia y la fe en Él.
Los comentarios están cerrados.