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Conducta individual y cambio climático.

El problema nos alcanza a todos, pero muchos creen que el asunto no les atañe como individuos sino a la organización social a la que pertenecen, a sus instituciones y a sus gobiernos. Craso error. Eso equivale a creer que no importa que la conducta individual sea mala con tal que el accionar de la organización social sea el mejor. Como dijera Gandhi: “Soñar con sistemas tan perfectos en que nadie necesite ser bueno”. La forma correcta y más básica de encarar el problema ambiental es desde lo individual, sin perjuicio de hacerlo también desde la organización social.

Las manifestaciones de multitudes exigiendo a los líderes políticos y empresariales que hagan algo para detener la crisis climática, son bienvenidas, necesarias, y trasuntan la creciente preocupación mundial por el futuro del planeta. Pero esos movimientos, pletóricos de emotividad, no son suficientes, son solo una cara de la moneda, la otra es una actitud individual que se base en la coherencia con uno mismo y con los demás. Incoherencia es pronunciarse a voces contra la inoperancia de quienes deben liderar la lucha contra el problema climático, y en lo personal mantener actitudes y conductas que atentan contra el ambiente. Disonancia pura y dura es clamar contra la civilización que está destruyendo el planeta, y en el plano individual obrar de manera incoherente con lo que se pregona. Disonancia es, por ejemplo, reconocer los daños que se está haciendo a los mares con la contaminación de plásticos, y al mismo tiempo no restringir el consumo personal de productos plásticos de un solo uso, o que a la hora de adquirir un coche la emisión de CO2 sea lo que menos se tenga en cuenta.

Una actitud individual generalizada, coherente con la conservación del planeta es indispensable, pues sin ella seguiremos agravando el problema.

En su encíclica Laudato Si (2015) el Papa Francisco resaltó la importancia del ejemplo individual. Luego de destacar la importancia de las actitudes individuales concretas de preservación ambiental, y de decir que Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas”, agrega que ellas “…derraman un bien en la sociedad que siempre produce frutos más allá de lo que se pueda constatar”. Cierto, es posible que pensemos que nuestro ejemplo personal es apenas una gota de agua en el desierto, y no vale la pena practicarlo. Pero la verdad es que produce frutos “más allá de lo que se pueda constatar”, pues alguien, en alguna parte, puede tomar conocimiento de nuestro ejemplo, aceptarlo, replicarlo  y adoptarlo como actitud de vida.

Lo dicho en Laudato Si se complementa con la hipótesis del “centésimo mono”, según la cual una conducta individual puede propagarse hasta alcanzar una masa crítica de individuos, a partir de la cual esa conducta es practicada por todos los miembros de un conglomerado de individuos

La discusión sobre el origen del problema climático  ya está sobrepasada en cuanto a que ya no hay duda de que la actividad del ser humano está contribuyendo significativa y negativamente  al cambio climático, y eso hay que parar.

Por otra parte, para entender cabalmente las situaciones negativas generadas por el cambio climático hay que considerar la crisis climática en contexto, pues todo está conectado. Ello es requisito indispensable para solucionar, de manera racional y justa, las contradicciones y tensiones que a menudo se presentan. ¿Y qué es lo que ahora le falta hacer a la raza humana ante tan grande desafío? Contar con un cuerpo de compromisos básicos en materia ambiental, vinculantes y eficientes, no solamente declarativos, entre las naciones, y que se los cumpla.

Pero por sobre todas las cosas hace falta asumir actitudes individuales conscientes de la situación, orientadas a cumplir un deber de consciencia ambiental, aunque otros no las asuman. Actitudes masivas de este tipo serían fuerzas irresistibles que empujarían a la sociedad humana por el buen camino. Los logros tecnológicos presentes y futuros, de los que tanto nos ufanamos, podrían no servir para nada si perdemos la batalla contra el deterioro ambiental, y la perderemos si la conducta individual de todos, o de casi todos, no se alinea con la verdad, la razón y la justicia.

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Publicado enFilosofía y religión

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