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INTUICIÓN Y PENSAMIENTO PROFUNDO

La segunda atención es algo así como ver la vida desde una perspectiva profunda.

Segunda atención, espacio-tiempo, Carl Jung, sincronicidad, Deepak Chopra, sentido de la vida, actitud contemplativa.

Según el filósofo indio Deepak Chopra, “La primera atención tiene relación con lo que estamos haciendo, y con los datos aportados por los cinco sentidos, y se expresa a sí misma como pensamientos y sentimientos. La segunda atención es diferente, ya que mira más allá de lo que estamos haciendo, algo así como ver la vida desde una perspectiva más profunda”[1].

La existencia de las dos atenciones es consecuencia de la dualidad de nuestra naturaleza: material e inmaterial.  La material tiene que ver con lo fenoménico,  con lo que hacemos, y por ende con lo que nos presentan los sentidos, y la inmaterial con lo espiritual, especialmente con los valores y lo divino.

Chopra abre una puerta hacia lo misterioso y profundo al decir que la segunda atención es la fuente de la intuición y la sabiduría. Misterioso y profundo porque la intuición va más allá de la experiencia sensible, más allá del método científico, de la comprobación y del razonamiento objetivo. La intuición es un entendimiento lúcido que emerge súbitamente, una iluminación que se presenta de pronto, que puede conducir a la verdad, que destella en la mente, y que, como también lo destaca el filósofo, “desafía cualquier explicación”. Por cierto, el razonamiento y la intuición no son excluyentes, más aún, se puede razonar e intuir al mismo tempo.

¿Cómo se manifiesta la segunda atención? Si la primera se manifiesta a través de lo que hacemos, a través de los  pensamientos y los sentimientos, ¿cómo lo hace la segunda? Teorizar al respecto resultaría complejo y difuso por sus profundas implicaciones, de modo que más ilustrativo resulta  considerar algunos casos concretos de segunda atención.

  1. En el libro citado se relata que cierto discípulo preguntó a su maestro qué debía hacer para encontrar a Dios, a lo que el maestro respondió: “Espacio y tiempo son como una red en la que estás atrapado, pero las redes tienen siempre agujeros. Debes encontrar uno de los agujeros y salir por él. Entonces Dios (te) será obvio”. Sabia respuesta. Espacio y tiempo, en efecto, son los referentes básicos de nuestra sensibilidad, pero si queremos buscar explicaciones más profundas respecto, por ejemplo, al origen de todas las cosas, hemos de trascender el tiempo y el espacio, escurriéndonos por los agujeros de la red, e internándonos en el campo de lo espiritual. Todo eso es segunda atención.
  • Supongamos que alguien ruega fervientemente a Dios por la salud de un ser querido, quien sin embargo fallece. Está transido de dolor, aturdido, no entiende por qué sus ruegos no fueron escuchados. Pasado algún tiempo, y ya más calmado,  reflexiona y entiende que alguna razón debe haber tenido el Creador para no haber atendido a sus súplicas; que Él  sabe lo que hace, y que tiene sus propios caminos que no son los nuestros. Finalmente el dolido deudo no pierde su fe en Dios. Esa  reflexión y esa fe son segunda atención.
  • Ciertas penurias causadas por la naturaleza no humana, como eventuales impactos de objetos extraterrestres, terremotos, tsunamis, y huracanes, así como ciertos ordenamientos naturales, como la necesidad existencial de los animales de devorarse unos a otros para sobrevivir,  y el que nosotros mismos seamos la cúspide de esa cruel cadena alimentaria,  son cosas que sencillamente no comprendo y me sumen en la perplejidad y el desasosiego. Entonces me llega el momento de aceptar que hay cosas que no comprendo, y me obligan a preguntarme por qué Dios organizó el mundo de esa manera cuando bien pudo haberlo hecho de otra. ¿O es que deliberadamente dejó que el Maligno metiera sus garras en la organización del mundo?, ¿para ponernos a prueba tal vez? Entonces tomo consciencia de mi monumental incapacidad de entender cosas que solo Dios las sabe. Estas reflexiones son segunda atención.
  • El siquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961) desarrolló una teoría, a la que llamó sincronicidad, concerniente a la extraña relación que puede presentarse entre dos o más sucesos,   a la que solemos llamar coincidencia. Hay muchos ejemplos al respecto, por lo que prefiero citar uno vivido por el propio Jung. Dice que una joven paciente le contó que había soñado que le regalaban un escarabajo de oro; en ese momento el siquiatra, que estaba sentado de espaldas a una ventana, oyó el sonido de algo que la golpeaba suavemente, era un escarabajo dorado. Llamó “coincidencias significativas”, esto es, que significan algo, a sucesos como este. El interés de Jung por las coincidencias es segunda atención.
  • Lo que quiero destacar ahora es la relevancia que da Chopra a estas coincidencias. Critica la cosmovisión científica según la cual los acontecimientos no están organizados por fuerza sobrenatural alguna. Chopra, más bien, cree que las coincidencias indican algo distinto: que son mensajes de lo no manifiesto, de lo profundo, interrupciones repentinas a nivel profundo de vivencias superficiales conocidas. Todo esto es segunda atención.

Dejemos ahora los casos concretos y consideremos la similitud que hay entre la segunda atención y “La nube del Desconocimiento” como se conoce a un texto del siglo catorce escrito por un desconocido monje cartujo, quien utiliza la palabra nube en el sentido de obstáculo a la visión, de oscuridad, en alusión a nuestro desconocimiento acerca de quién es Dios. Solo dentro de esa oscuridad, dice el monje, se puede intuir a Dios, es decir, solo dentro de la ignorancia que tenemos de cómo es Dios, de cual es su consistencia, podemos intuir su existencia y su esencia. O para ponerlo en sus propias palabras: se puede sentir a Dios pero no pensar en Dios,  oración en la cual “pensar” significa tratar de entender, mediante la razón, en tanto que sentir es solo eso, sentimiento, contemplación.

La similitud entre la segunda atención y la “Nube del Desconocimiento” se da por la profundidad del pensar y del sentir que hay en esas dos perspectivas filosóficas; por ese esfuerzo que hacen los dos pensadores para no permanecer anclados en la ordinariez de la vida cotidiana, en los intereses inmediatos, y más bien en ir al fondo de las cosas.

Las reflexiones que suscita el antiguo documento cartujo van a lo más recóndito de nuestras preocupaciones existenciales, y tienen como eje central a la actividad contemplativa de Dios, y dentro de ella, al amor, espontáneo o construido, del ser humano hacia su Creador. Cuando es genuina, la actividad contemplativa del espíritu es la mejor vía de acercamiento místico a Dios, tanto así que el anónimo autor llega a decir que es lo que más agrada a Dios.

Lo que busca la actitud contemplativa es acercarse a Dios y entender el sentido de la vida, pero, explica el autor, no  se lo puede hacer por conocimiento, sino solo por amor. El pensamiento no puede comprender a Dios, por eso en la contemplación es mejor concentrarse en amarlo; Dios puede ser amado pero no pensado, subraya.

Hay momentos en que el alma contemplativa se ve libre de toda preocupación material, e incluso de algunas espirituales, y se encuentra totalmente absorta en el ser mismo de Dios, en su esencia. En esos momentos el sujeto contemplativo se trasciende a sí mismo haciéndose casi divino, pero siempre por debajo de Dios, sostiene el autor. El documento sugiere un Dios espiritual y omnisciente, absolutamente metafísico e inefable; un Dios de cuya esencia, de cuya consistencia, solo tenemos esa inextricable auto identificación revelada por Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”.

Así pues, en esa espiritualidad que sirve de telón de fondo a la segunda atención y a la contemplación de Dios, ahí está la similitud entre la segunda atención y la “Nube del Desconocimiento”

Ahora bien, ¿por qué este interés en la “segunda atención” del señor Chopra? Porque trata acerca del sentido de la vida, nada menos, y ya para terminar, intentemos una vez más entender su profundo significado. 

Ciertas experiencias inducen una y otra vez a vislumbrar lo absoluto. Se trata de fugaces momentos de luz en los que es posible atisbar con claridad la absolutez de Dios. Son vivencias que suelen manifestarse con gran vivacidad en la majestuosidad de un amanecer, en la fragancia de la tierra recién mojada por la lluvia, en la exquisitez de una flor abriéndose a la vida, en la ternura con la que una madre acaricia a su pequeño hijo, en la inocente mirada de éste, en la belleza natural de nuestro mundo, y por cierto, en la contemplación del cosmos.

En estas vivencias hay algo que está más allá de lo inmediato, y su búsqueda es la segunda atención, consustancial a nuestra humana naturaleza. Nunca podremos renunciar a ella, siempre habrá quien se ocupe de mantenerla, más allá de que la avalancha de información que nos ahoga obnubile y dificulte el acceso a la sabiduría.  


[1] Deepak Chopra (1946) “Conocer a Dios. El viaje hacia el misterio de los misterios”

Publicado enFilosofía y religión

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