Saltar al contenido

Revelaciones del tiempo geológico

Génesis, tiempo geológico, período cámbrico, Carl Sagan, Comisión Internacional de Estratigrafía.

El primer capítulo del Génesis, libro escrito por Moisés unos 1.500 años antes de Cristo, conlleva ciertas secuencias de los primeros eventos geológicos por los que pasó nuestro planeta. En el Génesis hay una secuencia general que se manifiesta en seis días bíblicos de la creación, término alegórico por supuesto, que no cabe interpretarlo como períodos de 24 horas. Lo que voy a considerar en este artículo no es la duración sino la secuencia con la que, conforme al relato bíblico, tuvieron lugar tales “días”.

Y ya puestos en esa perspectiva, resulta significativo que al considerar tal secuencia se detecta una clara coherencia entre lo dicho por Génesis y las teorías científicas sobre los tiempos geológicos, lo cual nos obliga a preguntarnos cómo fue posible que Moisés haya intuido secuencias que hoy las teorías científicas las confirman. ¿Pura coincidencia entre la imaginación del escritor bíblico y la realidad, o hubo algo más? De esto es de lo que trata el presente artículo. A continuación un resumen de los “días” relatados en Génesis.

Primer día: Todo en la Tierra era agua y oscuridad, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. El astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1934-1996) sostiene que al principio todo era oscuridad: “En todas partes había una oscuridad profunda e impenetrable, átomos de hidrógeno en el vacío” (“Cosmos” p.337).

Segundo día. Luego se produjo el “fiat lux” (“hágase la luz”)  bíblico que implica una secuencia oscuridad-luz, que no tendría sentido si en lugar del “hágase la luz” el texto bíblico hubiese dicho que la luz había existido desde siempre.

Y se hizo la luz, y empezó a haber días y noches. Esto último implica que la Tierra empezó a girar sobre su eje produciéndose así la alternancia oscuridad-luz. Debe entenderse que la luz del primer día era una luz difusa, una penumbra, no una luz clara y distinta, puesto que aún no se había producido una separación o “expansión” entre el agua líquida de abajo y la gaseosa de arriba, del planeta, separación que se produjo recién en el segundo día. Por lo tanto, antes de la separación entre las aguas líquidas y las gaseosas estas últimas habrían consistido en una nubosidad en contacto con la superficie acuosa, lo cual solo habría permitido que haya penumbra, no una luz clara y distinta.

Tercer día. Luego, con la separación de las aguas, una  luz clara y distinta calentó la superficie del planeta, toda vez que hasta entonces ésta última se encontraba en contacto con aquella nubosidad, presumiblemente densa, que impedía el paso de la luz y el calor solar. Ello es coherentecon lo señalado también por Sagan, cuando dice que la luz solar “calentó la Tierra primigenia” (“Cosmos”, p. 337)    

Cuarto día. La previa presencia de grandes masas de agua, por lo cual Moisés dijo que todo en la Tierra era agua, también se desprende con claridad de “Cosmos”, cuando Sagan dice que: “La Tierra, después de coagularse y calentarse, liberó los gases de metano, amoniaco, agua e hidrógeno, que habían quedado encerrados en su interior, y formó la atmósfera primitiva y los primero océanos” (p. 337). Los dos textos, aunque no exactamente iguales, muestran una gran similitud.

En este cuarto día son creados dos grupos de vegetales: hierbas que dan semilla y árboles que dan frutos, según sus géneros. Esto es entendible debido a que la luz, que para entonces ya se había vuelto clara y distinta debido a la separación de las aguas, permitía la fotosíntesis. La Biblia no dice nada sobre microorganismos vegetales, lo cual también es lógico si se tiene en cuenta el grado de conocimiento y entendimiento que podrían haber tenido los primeros lectores del Génesis.

Se podría entender los dos grupos de vegetales en sentido amplio, de modo que por “hierba” se entienda vegetación de dimensiones relativamente modestas, y, por “árboles que den frutos” estructuras vegetales de dimensiones mayores.

Quinto día. Dios hizo dos luces o lumbreras, una para alumbrar el día y otra la noche, y para señalar los días y los años, así como las fechas especiales. Es significativo que Génesis, no usara las palabras “sol” y “luna” sino “luces” o “lumbreras”. Parece lógico interpretar que a lo que el escritor del Génesis se refería no era a que el sol y la luna hayan sido creados en ese momento, lo cual habría significado que la Tierra fuese más antigua que el sol, la luna y demás cuerpos celestes, sino a que la luz proveniente de los cuerpos celestes se pudiese percibir claramente, esto último gracias a que para entonces ya se había producido la separación entre las aguas de arriba y las de abajo, permitiendo la percepción clara de la luz.  Entonces, los términos “luces” o “lumbreras” no se refieren a  los astros fuentes de luz, sino a su luz solamente[1]. Cuando se los interpreta como cuerpos celestes se cae en la confusión, como le ocurrió a un personaje ficcional de Sagan, que “No entendía cómo podía haber habido luz días antes de la creación del sol.” [2]

Sexto día. Dios crea toda clase de animales, domésticos y no domésticos, según sus géneros. Los “domésticos” deberían entenderse como “domesticables”, toda vez que su domesticador, el  humano, no existía todavía.

Después crea al ser humano, “a nuestra imagen”, hombre y mujer, para que llenen el mundo y prevalezcan sobre toda clase de animales y plantas. La palabra “nuestra” ha suscitado interminables debates respecto a una posible identidad plural de Dios. Sin embargo, esa expresión también podría haber sido usada solo como una forma de expresión del escritor del Génesis, similar a ciertas formas de expresión que actualmente se usan, sin implicación ontológica alguna. No me detengo más en este tema porque el objetivo de este artículo no es tratar sobre la supuesta identidad trinitaria de Dios.

Ahora bien, una vez expuesto este resumen de los “días” de la creación bíblica, cabe ahora, como segundo paso en el abordaje de la temática de este artículo, que nos preguntemos si las secuencias que aquellos conllevan guardan o no coherencia con otras explicaciones científicas, diferentes a las de Sagan, siempre relativas a los primeros tiempos geológicos.

La Comisión Internacional de Estratigrafía, CIE, un subcomité científico de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas, elaboró una escala del tiempo geológico dividida en:

  • Eones
  • Eras
  • Períodos
  • Épocas.

A los efectos de comparación con el libro del Génesis, destaco a continuación la secuencia de eventos básicos que se desprenden de las primeras épocas de la Tierra, según las presenta la CIE, para después intentar una conclusión.

Primero. La Tierra, el mayor de los planetas rocosos del sistema solar, se forma hace aproximadamente 4.600 millones de años.

Segundo. Hace unos 3.600 millones de años emerge un super continente, nombrado “Eoarcaica”. Esto supone la existencia previa de grandes masas de agua de las cuales emerge, de modo que la secuencia primero lo líquido-después lo seco, que se desprende del Génesis, es coherente con las teorías de los tiempos geológicos que conlleva la clasificación de la CIE. Esta coherencia es independiente de que el origen del agua haya sido extra planetario, esto es, cuerpos celestes portadores de agua como algunos sostienen, o de procesos ocurridos en el propio planeta (Sagan). Lo cierto es que “lo seco” apareció después de haberlo hecho las grandes masas de agua.    

Tercero. Empieza la fotosíntesis en la era Paleoarcaica. Esto supone la existencia previa de plantas, así como de los elementos que hacen posible ese proceso: luz solar, agua y dióxido de carbono. Según Génesis, las plantas, y por ende la fotosíntesis, aparecen después de la separación de las aguas, de la luz solar clara y distinta, y de la emergencia de “lo seco”. También hay coherencia.   

Cuarto. Primeros peces y proliferación súbita de otros seres vivos durante el período Cámbrico, todo lo cual tiene lugar después del agua, la emergencia del supercontinente, la luz solar, el dióxido de carbono, las plantas y la fotosíntesis. El período Cámbrico (primer período de la era Paleozoica) empieza hace unos 541 millones de años y dura solo unos 56 millones[3], apenas un respingo en comparación con los 4.600 millones de años que según las teorías científicas tiene la Tierra.

 El Cámbrico fue un estallido de vida sin precedentes[4], figurativamente hablando, en el cual también hubo masivas extinciones de especies. ¿Por qué ocurrió esa explosión de vida? La explicación podría ser: porque hacia el final del período precámbrico se produjo una extraordinaria proliferación de vida vegetal no vascular en todo el planeta, y fue esto precisamente lo que detonó la explosión de vida del Cámbrico[5].

¿Coherencia de todo esto con el Génesis? La hay, sin duda. Consideremos lo siguiente: a) La aparición de los dos grupos de vegetales de los que habla el Génesis -hierbas que dan semilla y árboles que dan frutos- tiene lugar el tercer día, esto es, precede a la vida animal que aparece en el quinto día: coherencia bíblica con las teorías científicas. b) Lo que relata Génesis respecto al quinto día es un acto de creación de seres del reino animal -según sus géneros- lo que conlleva un cierto lapso después de la aparición de los vegetales. Por su parte, la explosión de vida animal en el Cámbrico, ocurre en un lapso de tiempo que, como destaqué, es de una magnitud temporal diminuta en comparación con los 4.600 millones de años de vida del planeta. Coherencia del relato bíblico de creación con la teoría científica, o, si se quiere verlo de otro modo, ausencia de contradicción.

Quinto. Existe cierta secuencia al interior al reino vegetal, que va de la sencillez a la complejidad: primero vegetales no vasculares, después vegetales vasculares. Los vegetales no vasculares carecen de vasos internos para la conducción de agua y nutrientes; los hay acuáticos como las algas, y terrestres como los musgos. En cambio, los vasculares sí tienen esos vasos en sus raíces, tallos y hojas. Todo esto da lugar a otra secuencia que también va de lo sencillo a lo complejo: primero plantas relativamente sencillas (hace 443 millones de años), después grandes árboles (hace 358 millones: período Misisípico). Ahora bien, aunque Génesis no habla explícitamente de una secuencia vegetal sencillez-complejidad, tampoco es incoherente con la que nos presenta la escala de la CIE; en efecto, Génesis habla del surgimiento primero de “hierbas” (que podrían ser las algas y los musgos), y después de árboles que dan frutos.

Sexto. Aparecen los australopitecos (primates humanoides). (Época: Plisceno). Total coherencia de Génesis con la secuencia vegetal-animal. En efecto, según el libro bíblico los animales acuáticos y volátiles son creados el quinto y sexto día, respectivamente, cuando ya estaba servida la mesa con frutas y otros vegetales para los primeros seres del reino animal.

La conclusión de todo lo anterior es que hay una clara coherencia entre las secuencias geológicas contenidas en el libro de Génesis y las que exponen los científicos que investigan los tiempos geológicos. Todo ello induce a plantear ciertas preguntas. ¿Cómo pudo Moisés haber imaginado todas estas secuencias? ¿Por puro sentido común? Claro que hay espacios para el sentido común, por ejemplo en la secuencia vegetal-animal, pero no para todo, especialmente, no para lo más básico: ¿pudo haber sido por puro sentido común el que un individuo que vivió hace 3.500 años, Moisés, imaginase que al principio no existía la tierra firme sobre la que estaba parado, sino que todo era solo agua? ¿Y si fue solo sentido común, no habría sido más razonable que se imaginase lo contrario? ¿Pudo haber sido puro sentido común imaginarse que al principio todo era oscuridad y no la alternancia luz-oscuridad bajo la cual transcurría su propia vida y la de los demás seres vivientes?

Hay quienes creen que todos los textos bíblicos, antiguo y nuevo testamento, hasta la última coma, fueron inspirados por Dios. En el otro extremo los hay quienes creen que todos ellos son pura literatura ficcional. Ni lo uno ni lo otro, la verdad, en lo que a los textos bíblicos se refiere, no está en los extremos.  

En mi opinión, la secuencia general que presenta el Génesis, coherente con las teorías científicas, no pudo ser producto de la imaginación sino de algún influjo sobrenatural.  

http://www.amazon.com/author/carlospalacios

cmpm1936@gmail.com


[1] Ibidem

[2] Carl Sagan, “Contacto”, capítulo 2, “Luz coherente”

[3] Antes se creía que su duración del cámbrico fue de unos 70 millones de años.

[4] National Geografic, “Período Cámbrico”, setiembre/2010

[5] Trabajo de investigación dirigido por el geólogo Paul Nauth de la Universidad Estatal de Arizona, Scitech News.

Publicado enFilosofía y religión

Los comentarios están cerrados.