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El faro.

El ser humano entiende el mundo [U1] a su manera, y elige su conducta igualmente a su manera. Para ello cuenta con su consciencia y su libre albedrío, pero por sí solos la consciencia y el libre albedrío no garantizan que sus decisiones sean las mejores, ni que su accionar se encamine por senderos de verdad y de justicia. Necesita una guía superior a él, y si bien ciertas guías humanas ayudan, no son suficientes ni perfectas, pues ellas también son producto de maneras humanas de entender el mundo.

Las enseñanzas de Jesús son las que mejor cumplen el cometido de guiar hacia la verdad y la justicia, y se resumen en estas tres grandes verdades:  

  • La existencia de Dios, así como la fe en Él y en Jesucristo. Cada invocación al Padre hecha por Jesús conlleva el reconocimiento de su existencia.
  • El amor universal (amor a Dios y amor al prójimo). En su enseñanza sobre amor al prójimo lo más destacable es el amor construible (amor agape), vale decir aquel amor que no es espontáneo sino producto de la voluntad. En el amor construible hay empatía, sabiduría, racionalidad y justicia, y solo con esa clase de amor es posible llegar a tener un mundo significativamente mejor.
  • La vida después de la muerte. Lo más importante de esto es la trascendencia de lo natural hacia lo sobrenatural. Importante no tanto las formas hacia las que se trasciende después de la muerte, sino la existencia misma de tal trascendencia.

Asimilar con perspicacia las enseñanzas del Maestro permite columbrar por qué esas enseñanzas constituyen la guía idónea para entender el mundo, la verdad y la vida; para entender por qué constituyen el faro que mejor ilumina el devenir de nuestros días.


 [U1]

Publicado enFilosofía y religión

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