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El poder engañoso de las riquezas

Hace más de 2000 años Jesús alertó contra el poder engañoso de las riquezas que impide a los seres humanos, entre otras cosas, captar el sentido profundo de su mensaje, y en el caso de captarlo, los induce a ignorarlo, porque “el amor por las riquezas los engaña”[1]. El de las riquezas, desde luego, no es el único poder que engaña y obnubila, hay otros que también lo hacen, pero hoy voy a enfocarme en el primero.

¿Puede el amor por las riquezas engañar y confundir al hombre? Sí que puede. Es un poder engañoso porque al amontonar riquezas el hombre, aunque rico en bienes materiales, se vuelve “pobre delante de Dios”[2], y porque no se puede servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo. Engañoso porque también induce a creer que la posesión de riquezas solo se debe al propio esfuerzo. Deuteronomio ya advierte del peligro de pensar que las riquezas obtenidas son mérito exclusivo de quien las posee. Dice que no debemos creer que son producto exclusivo de nuestro propio esfuerzo, sino que es Dios quien nos ha dado la habilidad y la fuerza para adquirirlas[3].

Esto, a su vez, implica que la búsqueda de la riqueza no es mala en sí misma; si lo fuera Dios no nos habría dado la habilidad para obtenerla. Incluso, en el proceso de obtener riqueza personal se generan beneficios para quienes ayudan a lograrlo. Lo malo está en el abuso, por ejemplo, en conseguirla a costa del sufrimiento de los demás, y en general, en conseguirla a costa de sacrificar la solidaridad.

Hecha esta aclaración cabe agregar que el poder de las riquezas también es engañoso porque no nos deja ver que en un momento dado puede hacernos caer como “hojas secas[4] debido a nuestra debilidad espiritual. Engañoso también porque impide percibir valores superiores a la riqueza material, especialmente los vinculados al amor que se puede construir, esto es, a la solidaridad.

¡Cuán actual es todo esto! Acosados por la banalidad, el egoísmo y la ambición desmedida de riqueza y poder muchos seres humanos son incapaces de entender la profundidad del mensaje cristiano y los valores superiores involucrados en él, aunque en apariencia sí la entiendan, o cuando realmente entienden la profundidad del mensaje pero sencillamente lo pasan por alto.

Jesús eligió una vida sencilla, sin preocupaciones por su bienestar material. Riquezas, comodidades, negocios, no formaron parte de sus prioridades. Sencillamente no procuraba ni le interesaban las cosas terrenales. “Las zorras tienen cuevas y las aves del cielo tienen donde posarse, pero el hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza”, dijo[5]. En realidad su perspectiva fundamental respecto a prioridades era lo espiritual del ser humano[6], y la absoluta preeminencia de lo espiritual sobre lo material[7]. Más aún, cuando dijo que lo que primeramente hay que buscar es la justicia de Dios, y que las demás cosas vendrían por añadidura, lo que nos estaba diciendo era que, superado el subdesarrollo espiritual individual, los problemas materiales serían de fácil solución.

Pero en lugar de acatar su propuesta de desarrollo espiritual lo que hemos construido con empeño es un intrincado mundo institucional y normativo, a todo nivel nacional, con lo cual pretendemos arreglar las cosas y vivir en paz. Ese intrincado mundo nos llena de regulaciones y sanciones que sin embargo no logran resolver los problemas materiales, y menos aún los espirituales. Por eso dar preeminencia a lo espiritual sobre lo material se ha vuelto más necesario que nunca. En el mundo actual la prioridad está invertida: primero lo material, lo prosaico, lo banal, después lo espiritual, sin darnos cuenta que en esa inversión de valores es donde reside la raíz de todos nuestros problemas.

Pero reitero, Jesús no critica el bienestar material razonable, sino la acumulación avarienta de riquezas, la supeditación de lo espiritual a lo material, la seducción que las riquezas ejercen sobre nuestros corazones, y los excesos contra el prójimo cometidos por el poder engañoso de las riquezas.  

Lo anterior se deduce de una lectura atenta de los evangelios. Por ejemplo, cuando el joven rico pregunta qué debe hacer para ser perfecto, la respuesta de Jesús Es: “vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres”[8]. Esta respuesta hay que entenderla con amplitud de criterio. En modo alguno debe interpretarse en el sentido de que todos debemos renunciar a todos nuestros bienes, convirtiéndonos en indigentes mendicantes para vivir de la caridad de los demás. ¿De cuáles “demás” si los demás también serían indigentes mendicantes si renunciaran a todos sus bienes?

Más aún, la respuesta de Jesús no es una recomendación general, sino referida a cierta particular circunstancia. En efecto, su expresión “vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres”, está precedida de otra expresión: “Si quieres ser perfecto”, esa es una particular circunstancia.Así pues, hay que evitar los fundamentalismos cuando éstos chocan contra el buen juicio y la sensatez.    

¿Corroboran las vivencias actuales lo dicho por Jesús respecto al poder engañoso de las riquezas? En especial, tratándose de riquezas mal habidas, sin duda lo hacen. Las riquezas de ese origen engañan aún más porque obnubilan la mente de quienes cometen los actos corruptos, al punto que diluyen su sentido del deber y la decencia. Hay tantos casos relevantes de éstos que resulta imposible considerarlos todos ellos, por lo que me limitaré a mencionar solo unos pocos ejemplos en los que claramente se aprecia cómo el afán de conseguir dinero fácil puede ofuscar la mente de sus protagonistas, engañándolos. Casos que los destaco aquí no solo para no olvidarlos, sino principalmente para reiterar lo proféticas y de eterna validez que fueron la enseñanzas del Maestro.

Un ejemplo no tan reciente fue el de Antoni Kantas, Manager Adjunto de Armamento del Ministerio de Defensa de Grecia. Fue arrestado por lavado de dinero y por recibir sobornos de empresas europeas proveedoras de armas. Durante las investigaciones reconoció haberlos recibido, agregando que “Acepté tantos sobornos que no puedo recordarlos todos”[9].  Se estimaron cifras de entre 16 y 20 millones de dólares por este concepto. Pero lo que más llama la atención de este caso es la frecuencia (“tantos sobornos”) con la que la perspectiva de dinero fácil inhibió en la mente de Kantas el sentido de la rectitud, haciendo presa de él, ofuscándolo, engañándolo.

Otro caso fue el de Silvio Berlusconi, cuya trayectoria como empresario había sido extraordinariamente exitosa, al igual que como político, acumulando un enorme poder económico, político y mediático. En 2011 fue considerado por la revista Forbes como el individuo más rico de Italia, con una fortuna cercana a los 8 mil millones de dólares. Entre 1994 y 2011 presidió el Consejo de Ministros de Italia en 3 ocasiones. Pero he aquí que este hombre exitoso tenía una faceta menos glamorosa. Fue condenado a 4 años de prisión por fraude fiscal (2013); a 3 años por corrupción (2015), y también por otros motivos. ¿Cómo es posible que teniendo tanto poder incurriese en actos de corrupción pura y dura para hacerse de más riqueza? Por el poder de las riquezas, que devino en engaño, tentándolo a usar medios corruptos para acumular aún más riqueza.

En cierta ocasión se abrió una investigación a nivel mundial sobre una corrupción detectada, también a nivel mundial, en la FIFA (Féderation Internationale de Football Association), órgano rector del fútbol mundial, deporte alrededor del cual giran miles de millones de dólares. El hito principal de este proceso fue la declaración pública que hiciera la Fiscal General de Estados Unidos en el sentido de que lo que ha habido es una “corrupción rampante, sistemática y profundamente enraizada”. Entre las irregularidades detectadas por el Departamento de Justicia de ese país, lo que más se menciona son sobornos. Sobornos a cambio de derechos comerciales relacionados con torneos futbolísticos; sobornos para la designación de sedes de los campeonatos mundiales de fútbol, e irregularidades en la elección del presidente de la FIFA. 

En América Latina destacan varios casos de corrupción. En Brasil hubo un caso que, por las enormes cantidades de dinero involucradas, suscitó  fuerte indignación entre la gente. En Guatemala, nada menos que el Presidente de la República y su Vicepresidenta fueron acusados de liderar una cadena (“La Línea”) de corrupción aduanera.

También el caso del Presidente Rafael Correa, condenado a 8 años de prisión, pero hasta hoy prófugo de la justicia, en cuyo gobierno de 10 años (2007-2017) se perjudicó al estado ecuatoriano en decenas de miles de millones de dólares, por corrupción y malos manejos de los fondos públicos. (Leyó bien estimado lector, miles de millones).

La organización Transparencia Internacional elabora cada año su Índice de Percepción de la Corrupción del sector público, cuyos resultados no hacen más que corroborar a nivel mundial lo dicho anteriormente sobre la corrupción. El índice considera la percepción de la gente respecto a sobornos, coimas, malversación de fondos, subvaloración y sobrevaloración de precios, tráfico de influencias, entre otros.  De los 174 países investigados el 2014, el 70% reportó altos niveles de corrupción. Más aún, solo el 24% mostró alguna disminución de la corrupción  con respecto al 2013; el 76% restante presentó aumentos, incluyendo al más “limpio” (Dinamarca). Y no cabe seguir alargando la lista, hacerlo sería cansino, bien sabemos que en la actualidad (2026) el problema no solo que subsiste sino que se agranda más y más.

En resumen, el apego excesivo a las riquezas engaña y confunde, pues distorsiona los valores éticos. Razón tenía Jesús al decir que el amor por las riquezas engaña. 


[1] Mateo 13:22

[2] Lucas 12:21

[3] Deuteronomio 8:17 y 18

[4] Proverbios 11:28

[5] Mateo 8:20

[6] Mateo 5:3

[7] Mateo 6:19-21

[8] Mateo 19:21

[9] The New York Times, febrero  2014, y GreekReporter.com

Publicado enFilosofía y religión

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