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Sorprendente conexión.

El mandato bíblico de amor al prójimo tiene una trascendencia que no se percibe a simple vista, parece solo un consejo religioso de buen comportamiento, pero tiene una trascendencia enorme, cósmica, y es solo cuestión de ingenio el entenderla en todo su potencial. Con un ejemplo de la cotidianeidad se lo puede apreciar mejor. Consideremos ese mar de códigos y claves que nos atosigan, con los que tenemos que lidiar todos los días. ¿Es posible que asunto tan concreto y objetivo pueda tener conexión con algo tan espiritual como es el amor? Parecería que no, pero eso cambia cuando se busca el trasfondo, la razón de ser misma, de ese mar de códigos y claves. ¿Y cuál es ese trasfondo? Es la desconfianza que tenemos en nuestro prójimo, es ese temor de que lo que haga el prójimo con esos códigos y claves, que nos perjudique.

¿Y en qué consiste la conexión? Veamos. Cuando llegamos al trasfondo y consideramos ese “Ama a tu prójimo, que es como tu mismo”[1] nos damos cuenta que se trata de una orden de amar, no de un mero consejo. Tampoco se trata de amor espontáneo como el amor familiar o el amor romántico, sino de algo diferente, de un amor construible porque solo puede ser producto de la voluntad y la decisión, razón por la cual también se lo puede exigir como lo hace el texto bíblico. De lo que trata esta clase de amor es de   hacer o no hacer lo que quisiéramos que el prójimo nos haga o que no nos haga, según el caso. Por supuesto, en otros casos, diferentes al de códigos y claves, la conexión con el mandato de amor es más obvia, toda vez que por su naturaleza el amor construible ya conlleva el deseo de ayudar al prójimo.

Una de las cosas que mejor muestran la grandeza y sabiduría de Jesús es precisamente el relevamiento que reiteradamente hace de la importancia del amor construible, aunque nunca haya empleado este término, como cuando dijo a los fariseos: “si ustedes aman solamente a quienes los aman a ustedes ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los pecadores se portan así”[2]. Claramente se nota un halo de amor construible[CP1]  en esa frase, pues solo con voluntad y decisión se puede amar a quien no necesariamente le ama a uno, a quien es un desconocido. La sanación de los enfermos es un ejemplo de amor construible que dio el propio Jesús una y otra vez. Otro ejemplo, éste de la vida actual, es el voluntariado, que ayuda a los más necesitados, voluntariado urgido principalmente por la voluntad y la decisión de ayudar.

Ahora intentemos entender la enorme trascendencia del mandato de amar al prójimo como a uno mismo, imaginándonos que todos los seres humanos lo cumplen a rajatabla. Ah! nuestro mundo sería un mundo distinto. Nuestra humana naturaleza se habría desarrollado y mejorado más en lugar de degenerarse más y más como está ocurriendo actualmente. Adiós engorrosas normas que se propongan encauzar las relaciones interpersonales, no harían falta, solo serían un estorbo. Adiós claves y códigos, adiós desconfianza por lo que el prójimo nos pueda hacer o dejar de hacer. Y no es que sin hacer lo que ese mandato ordena simplemente seguiremos sumidos en el pantano del mal, sino que nos hundiremos más y más, hasta el punto en que, en el largo plazo, y me temo que ya no tan largo, nuestra índole humana se haya perdido para siempre, y seamos cualquier otra cosa menos humanos.

Lo dicho, trascendencia del mandato de amor bíblico es enorme, y sorprendente la conexión que hay entre este último y el futuro de la humanidad.        

Comentarios pueden enviarse a: cmpm1936@gmail.com


[1] Levítico 19:18

[2] Lucas 6:32


 [CP1]

Publicado enFilosofía y religión

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