PODEROSAS IDEAS PARA LA VIDA.
1. Introducción. Mundo, vida y cosmos tienen más sentido con la existencia de una Mente Infinita que sin ella, y uno esperaría que la grandiosidad de esa Mente, en alguna medida se reflejarse en el magisterio de su enviado, Jesús. Y eso es precisamente lo que ha pasado, como lo veremos más adelante.
Se suele preguntar ¿dónde está Dios? Algunos contestan que la naturaleza es Dios y por tanto que nosotros somos partículas de Él. Es decir, que en conjunto, junto al resto de la naturaleza somos Dios, y que eso responde a la pregunta de dónde está Dios. Esta respuesta, absolutamente inmanentista, implica que tanto un dinosaurio como una diminuta hormiga también son partículas de Dios, y en conjunto son Dios.
Esta respuesta se contrapone a la idea de sobrenaturalidad y trascendencia que muchos seres humanos atribuimos a Dios. Y por supuesto también se contrapone a la idea de infinitud que tenemos de Dios, así como a la de que Él es una mente infinita, idea a la que recurrentemente nos conduce la contemplación de las maravillas naturales.
La idea de que existe un Dios trascendente y sobrenatural, es mucho más racional que aquella de que no existe, o a la de que lo que si existe es la naturaleza-dios, un dios de menor categoría que Dios.
2. Jesús. Por otra parte, a pesar de ciertos textos bíblicos que claramente no pudieron ser inspirados por Dios, y de ciertas imperfecciones de Jesús, no cabe duda alguna que fue un ser extraordinario, un enviado excepcional de Dios. Por ello es necesario asimilar las ideas básicas inmersas en su magisterio, así como otras atingentes a su persona. Ninguna de esas ideas menoscaba la fe en Dios y en su enviado, pero sí sirven para ajustar creencias y acercarlas más a la realidad profunda.
3. Naturaleza de Jesús. La detallada genealogía de Jesús que hace Mateo[1] es coherente con la humanidad de Jesús, no así con la idea de que haya sido Dios mismo, sino hijo del hombre como se autoidentificaba. Jamás dijo que fuera Dios mismo, al contrario, cada vez que se refería a Dios lo hacía mencionándolo como su Padre, es decir, Jesús y Dios entidades diferentes, estrechamente relacionadas una con otra pero distintas.
Solo aceptando que la naturaleza de Jesús no era divina sino humana, y que no siempre los textos bíblicos fueron inspirados por Dios pues algunos fueron forjados al gusto de quienes los escribieron, se puede entender las imperfecciones de Jesús, como fue su discriminación a la mujer cananea por ser afuereña[2], o como ciertas parábolas exageradas, por ejemplo la del paso de un camello por el ojo de una aguja, o como algunas formulaciones crípticas.
4. Eclecticismo. Una de las ideas-fuerza de su magisterio fue un delicado equilibrio entre las actitudes de vida, cosa que poco destacan susexégetas. Se trata de una flexibilidad inteligente y razonable para lidiar con los asuntos cotidianos, que evita optar por soluciones extremas –salvo excepciones- al tiempo que salvaguarda valores superiores. Por ejemplo, en el evangelio apócrifo de Tomás, encontrado en 1945 en Egipto (Nag Hammadi) consta el siguiente consejo atribuido a Jesús: “Si se os pregunta: ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que lleváis en vosotros mismos? decidles: es el movimiento y a la vez el reposo», consejo que, aunque críptico, tiene un trasfondo claramente ecléctico.
5. Sencillez e inocencia. Esta es otra de sus ideas-fuerza. Su objetivo es destacar la importancia de estas virtudes. Denomina “pobres de espíritu” a quienes practican la sencillez, la cual, cuando es bien entendida, no es mero simplismo sincrético sino entendimiento de lo esencial de las cosas, y voluntad para obrar de conformidad. En cuanto a la inocencia, la de los niños es la que Jesús consideraba como modelo a seguir, difícil mantenerla cuando llega la adultez pero necesario hacerlo mediante una sencillez madura.
6. Fe y milagros. Virtud poderosa la fe, siempre presente en quienes le pedían que los sanase pues tenían fe en que Jesús podía hacerlo. La fe de la gente parece haber sido condición necesaria para que se realizaran los milagros de Jesús, muchos y muy variados, a la vista de todos, narrados no por una sola persona sino por muchas. Tantos y tan variados como para que no quepa duda que realmente se produjeron.
La fe es una virtud que en muchos casos es una virtud innata, un don, pero también virtud a la que se llega por razonamiento. En todo caso, nada que ver con quienes creen que los milagros son solo falta de conocimiento, como creía, por ejemplo, el filósofo Spinoza.
7. AMOR CONSTRUIBLE. Y así llegamos a la idea-fuerza más importante de Jesús. La más importante de entre aquellas relativas a la vida de relación entre los seres humanos: el amor construible.
Más allá de que pueda parecer un oxímoron (esto es, un concepto estructurado con elementos incompatibles), el amor construible es el valor más trascendente en la vida de relación entre los seres humanos. Todo lo que se pueda decir respecto a su importancia es insuficiente para captar su trascendencia, que está más allá de las palabras.
A diferencia del amor espontáneo, que está ligado al sentimiento, el construible lo está al pensamiento y a la voluntad. Tiene mucho que ver con la justicia, pero tiene algo más que justicia. Está estrechamente vinculado a la moral, pero es por algo más que por mera moralidad que una persona decide construir esa clase de amor. Es básicamente un ejercicio de comprensión de la condición del prójimo. Un esfuerzo deliberado por tratar de entender sus motivaciones y sus circunstancias, por tratar de ponerse en sus zapatos, en fin, una forma especial de empatía. Hacer o no hacer al prójimo lo que se quisiera que el prójimo le haga o no le haga a uno mismo, eso es lo que mejor define al amor construible.
Por ser espontáneo, el amor-sentimiento existe profusamente entre los seres humanos, no así el construible que, orientado a cualquiera que sea el prójimo -salvo excepciones como se verá luego- tiene un mérito que el amor espontáneo no lo tiene, como lo destacó Jesús con sus propias palabras: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman a ustedes ¿qué hacen de extraordinario? Hasta los pecadores se portan así” [3]
El constructor de amor ha de ser bondadoso, veraz, valeroso y confiable, y, por otra parte, ha de estar exento de las taras morales que aquejan al hombre común y corriente. ¿Están presentes en la gente de nuestro tiempo esas condiciones? Desde luego que sí, pero no vastamente, como lo exige el mandato de Jesús, sino escasamente, muy escasamente.
El mayor ejemplo de amor construible lo dio el propio Jesús, que predicó la verdad, la realidad y el sentido de la vida, a sabiendas que con ello ponía en riesgo su propia vida, más aún, que la perdería, y todo eso por amor al prójimo.
Por otro lado, construcción de amor se puede dar en niveles menos conspicuos que el de Jesús. El niño que ofrece unas moneditas a un indigente es un precoz constructor de amor. Pero también hay casos en que construir amor no parece posible, como cuando se ha sufrido una ofensa atroz, en cuyo caso lo más que se puede hacer es renunciar a la venganza, pero no amar al ofensor. Tampoco parece posible que la sociedad en su conjunto pueda perdonar a todo aquel que ha delinquido y ofendido a sus semejantes.
Las relaciones interpersonales, en sus niveles personal y colectivo, pueden ser sabiamente encausadas y reglamentadas, pero sin la empatía del amor construible a todo nivel, es letra muerta, haciendo que el futuro de la humanidad pinte abominable y borrascoso.
Nuestro entendimiento se queda corto ante la multiplicidad de situaciones en las que el mal moral[4] es la explicación última de los males que nos aquejan, como ocurre con el uso abusivo de los adelantos tecnológicos, por ejemplo. Esa maraña de códigos y claves, que nos atosigan pero que nos protegen de los abusos del prójimo, no harían falta en un ambiente de amor construido generalizado.
Lo dicho, la explicación última de tantos problemas sociales es el mal moral, y solo la construcción de amor puede eliminarlo de raíz.
8. Conclusión. Es necesario asimilar las ideas-fuerza de Jesús en toda su potencialidad, especialmente la del amor construible. Por otra parte, debo destacar que en la construcción de amor hay una realidad oculta: la de que la construcción de amor no es una opción sino un requisito existencial para la sobrevivencia de la humanidad. Sin ese requisito llegará el momento en el que la humanidad ya no pueda sobrevivir a sus errores. Esa es la intimidante realidad, la de que sin construcción de amor lo que hay es destrucción. Si no construyes, destruyes.
cmpm1936@gmail.com
[1] Mateo 1
[2] Mateo 15
[3] Lucas: 6.32
[4] Producido por el ser humano, diferente al mal natural producido por terremotos, tsunamis e inundaciones etc.
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